sábado, 24 de julio de 2010

Cap. 37 < Aquí es donde los sueños se hospedan >


Antes de que se adentren en el capítulo ¡mil perdones por hacerlas esperar tanto! Soy una mala persona, lo sé. Así que cuando dejen su comentario al final de este capítulo, también pueden incluir de hasta lo que me voy a morir xD! <3 Im back babes...





[Capítulo anterior: Y todavía tengo mis tenis viejos para ir corriendo detrás de ti, y todavía tengo un chiste nuevo para hacerte reír, y todavía tengo el corazón abierto por si quieres venir.]


El volante estaba bajo el control de Georg. Me miraba y yo a el por el espejo retrovisor. Detrás, en los asientos traseros, las hermanas Ruzzo conversábamos animadamente… en silencio. Tenía una bomba de preguntas que hacerle pero no sentía que ella estuviera ahí. En cualquier momento yo iba a despertar del sueño más lejano, el más deseado, tenía que ser un sueño, tenía que ser mi imaginación haciendo de las suyas a mitad de la noche, tenía que serlo.

- Dai… - resonó la voz de Geo – se van a quedar juntas, yo supongo – el coche había parado. Estábamos enfrente de mi edificio – O… tal vez quieren que haga rápidos movimientos, puedo conseguir una reservación no muy lejos de aquí.

- Gracias. Eso estaría perfecto – Marabi dijo en ese tono dulce de su armónica voz – Disculpe, aterrizo en tierras nuevas y le pido caprichos a un… extraño.

- No había escuchado a alguien joven hablarme de usted… no me acostumbro a eso, está bien si nos hablamos de tú ¿verdad? Soy Georg por si el nombre ya no recordabas.

- Y no es ningún extraño – sonreí – Es… Georg.

- Oh ¿El es tu…tu… – tartamudeó - ¿El es tu… marido? – su brillante par de ojos se posaron en mi mano buscando alguna sortija de compromiso que respondiera su pregunta.

- ¡No! – coreamos Georg y yo con brusquedad.

- No, no, no. El es mi… - ¿Qué era Georg para mi? – El es mi amigo. Pensé que lo reconocerías. Georg Listing.

Segundos después, ella comenzó a tararear un ritmo el cual subió de volumen y claridad para ser descifrado como Automatic. Cantó con una vocecilla ronca el coro.

- Tokio Hotel. Increíble – miró a Georg, y luego me miró a mí. Con esos ojos protectores, llenos de felicidad y orgullo, orgullo por su pequeña hermana que por fin había crecido – Estoy impactada. Son muchas sorpresas por hoy.

- Conoces la banda entonces, me da mucho gusto. Sí, soy el bajista de esta Tiene sus beneficios como conseguirte una reservación en menos de 5 minutos para esta noche – dijo Geo con aire presuntuoso mientras sonreía.

- Puedes quedarte conmigo – ofrecí. Mi voz quebró y no lo dije con la naturalidad que trataba aparentar.

Y sí, sentía la distancia. Mi hermana no quería la reservación para `` no molestarme ´´, mi hermana quería la reservación para tener su espacio, para pensar que decirme, explicarme años de ausencia en una incertidumbre inagotable, pero esa explicación, era mutua. En cierto modo era evitarme, no precisamente en forma negativa. Era un asunto irreal. Aprender de nuevo como ser hermanas.

- No es necesario. El hotel está bien – sonrío amena.

- Quédate – y mi voz aportó un tono de suplica.

- Tengo una maleta repleta de cosas. Sabes que me gusta desempacar liberadamente; no quisiera invadir tu espacio.

- Aún estoy acostumbrada a tu exageración de equipaje – insistí – eso no se me olvida, nunca.

Georg miraba la escena con inquietud. Creo que eran bastante notorias mis ganas por tener a Marabi como huésped. Sólo quería su compañía.

- Claro – contestó con esa voz que despedía tranquilidad – Tienes razón. Los hoteles ya deben estar repletos a estas horas, no quiero hacer que Georg se agote tratando de conseguirme una habitación.

- En realidad es bastante rápido…

- ¡No, no lo es! – pareció un grito, más bien, fue un grito – Es decir, eh…. Hay suficiente espacio en el Pent House, sería inútil recurrir a un hotel – corregí guiñando un ojo.

- Bueno – aceptó entre risas por exaltada reacción – Pero si necesitan algo háganmelo saber.

- ¡Eres muy agradable Georg! – Dijo Mimi con una sonrisa – Te lo haremos saber….

- ¿Me lo prometes? Porque tu hermana puede estar medio muriendo y seré yo la ultima persona a la que llame – rió.

- ¡Mentira! – exclamé berrinchuda, cruzando los brazos.

- Te lo prometo – concluyó Mimi entre risas – Y obligaré a Daiana para que siempre seas su primera opción.

Siempre, mi primera opción.

.  .  .  .  .

Me dio gusto ver todo en orden al abrir la puerta del departamento.

- ¿Acaso sabías que iba a venir? – dijo tratando de introducir su ancha maleta por la puerta.

- No...

- ¿Entonces por fin aprendiste a ser ordenada? – sonrió una vez que ya estaba adentro. Recorrió la mirada por cada rincón de mi nido.

- Yo siempre lo fui – protesté.

- No era de mí quien se quejaba mamá por las toallas mojadas encima de la cama y los tenis sucios en el pasillo – su mirada se tornó nostálgica, pero soltó una armónica risa.

- Por lo menos yo no dejaba cereales regados en el piso al servirme – reí.

- ¡Oh! ¡Cómo le fastidiaba eso! – dijo con una carcajada. Comenzamos a recordar esos aquellos momentos divertidos y los gestos de mi madre al regañarnos, nuestro intento de no reírnos cuando lo hacía.

- Sí… - suspiré cuando por fin pudimos parar las risotadas - ¿Cómo están todos? – pregunté animada.

Su semblante se tornó serio. Apartó su mirada de la mía y me dio la espalda, se hizo la distraída abriendo su valija y comenzando a desempacar.

- ¿Cómo están todos? – volví a preguntar. Ahora mi tono no era agradable. No contestó como supuse que haría.

- Marab…

- ¡No sé, no sé como están! ¡No lo se Constance! – así era como ella me llamaba. La última vez que nos habíamos visto, le pedí que no lo hiciera más.

- No me llames así, sabes que ya no me gusta.

- Tu eres Constance, te guste o no – ya no estaba elevando el tono de la voz, pero la furia retenida con lo que dijo me atemorizó aún más que los gritos – No se ya nada de ellos, y tu tampoco lo podrás saber.

- ¿Porqué? – Pregunté curiosa - ¿Perdiste los teléfonos? Pero si tú sabes las direcciones; de cualquier manera tenemos los contactos necesarios para saber donde están todos los Ruzzo.

- Demasiado tarde – dijo con un tono helado y se encerró en mi habitación, con un portazo que resonó no sólo en mis oídos, hizo retumbar también mi cerebro.

Demasiado tarde. Demasiado tarde. Demasiado tarde. Me quedé ahí, parada en medio de la estancia, más de dos horas, esperando el amanecer. Sin mover tan siquiera una mano. Analizando esas palabras imposibles. Por más que las estudié, no llegué a una teoría, mucho menos a una conclusión.

No se de que manera pude sacar a mi cuerpo de esa especie de trance. Corrí hacia mi alcoba, la abrí en tan sólo un movimiento y me arrodille a los pies de la cama. Ahí estaba ella, durmiendo. Su respiración se movía agitada y sudaba tanto que su blusa empapada se pegaba al sostén con encajes. Murmullaba palabras no entendibles y cambiaba su cuerpo de posición con movimientos rápidos. Estaba en medio de una pesadilla. La miré, asustada...


- ¡ah! – se levantó de un brinco. Su corazón saltaba como loco dentro de su pecho. Giró la mirada dentro de la habitación y la vio a ella, con sus ojitos de ratón asustado, aferrada al deslavado conejito de peluche.

- ¿qué te pasa hermana? ¿Por qué respiras raro? – la voz de la pequeña apenas se distinguía de los ruidos de la noche. Esperó a que su propia mente razonara y su cuerpo se relajara para contestar.

- Nada, vuelve a dormir – exigió cubriéndose con las suaves cobijas.

- Pero tú…

- Pero nada. Estoy bien, duérmete – interrumpió a la chiquilla, que sólo quedó más asustada ante las agresivas palabras de su alma gemela, su hermana mayor. Una fina lágrima deslizó en el cachete colorado de la más pequeña y se quedó ahí, admirando apenas las sombras de los muebles en esa temible oscuridad.

- Tengo miedo, y tú no estás bien hermana. Mamá dijo que estás enferma de algo muy feo – sus manitas temblaban – Mimi, ¿no te va a pasar nada? ¿Verdad?

La mayor de las hermanas, se levantó de su cama, su cuerpo estaba extremadamente caliente y húmedo. Su sedoso cabello empapado en sudor. Se acostó en la cama de la pequeña, y la rodeó con su brazo, abrazando su frágil cuerpecillo, quien la recibió de una manera tierna.

- No linda, no estoy enferma – acarició el cabello color almendra – Me pongo muy tensa y nerviosa…

- ¿Por qué? ¿No eres feliz hermana? – dijo dando un brinquito para incorporarse. Contemplaron sus miradas a pesar de la densa oscuridad – Mira…. La abuela me dio algo – corrió hacia el closet, abriéndolo con dificultad, sacó un frasquito con colores curiosos – Son dulces para ser feliz ¡te regalo uno! – Volvió a refugiarse dentro de la cama con la otra niña, que era mayor que ella, pero seguía siendo una.

- Gracias nena… - sonrió esta, tomando un caramelo morado. Lo saboreó unos segundos - ¡Listo! Soy feliz.

Y comenzaron a reír juntas, hasta que sus dos pares de párpados cedieron a un profundo estado de sueño, sueños interminables.

.   .  .  .  .


- Buenos días. Te preparé café – lo primero que vi ese día fue su deslumbrante sonrisa. Me extendió la taza hirviente apenas abriendo los ojos por completo.

- Gracias – dije con voz modorra. Estaba en el sillón, varias cobijas desordenadas me habían abrigado en la noche.

- Espero que no hayas pasado frío, perdón por ocupar tan descaradamente tu cama.

- No te preocupes, siempre me ha gustado más la sala para dormir…

- ¿¡Y entonces la cama para que es!?

- Esa es para otras cosas – levanté mis cejas seductoramente y ella me lanzó hasta el otro lado del sillón con tan sólo un empujón.

- ¡Recuerda que soy tu hermana mayor! – Rió - ¡Aún sigo siendo tu chaperona!

- Recuerda que soy tu hermana menor. Aún sigo siendo tu dolor de cabeza.

- ¿Dolor de cabeza? ¡Migraña querrás decir! – me miró hostilmente a broma y me extendió la taza.

- Café mentolado – le dije tan pronto recibí la bebida – Lo extrañaba tanto.

- Nadie lo sabe hacer como yo – presumió mientras le daba un sorbo al suyo - ¿Verdad, Constance?

No contesté. Le di sorbos al café, uno tras otro.

- Te seguiré llamando así. Eres mi pequeño retoño. Aunque intente decirte de otra manera, tú eres mi Constance – levantó su mirada hacia el ventanal cuando apenas los primero haces de luz desfilaron para nosotras. No me di cuenta de que era tan temprano – Lamento lo de anoche. No era la manera en la que pensaba cerrar el día de nuestro rencuentro.

- Mimi, también estoy acostumbrada a tus dramas – sonreí. Y sí, me carcomía la curiosidad de saber todo, hasta el mínimo detalle. Pero ya saldría, si presionaba en saber, causaría un problema, y uno muy grande. Esperaría hasta que Marabi se animara a hablar.

Y nos quedamos ahí, tomando una taza de café mentolado; yo admirando como sus mechones rojos se incendiaban aún más conforme el sol penetraba en mi hogar, su piel resplandecía y sus ojos adquirían brillo. Un brillo espectacular. Le di un beso en la mejilla, uno tenue y suave. Su suavidad de piel contra mis labios. Se estremeció con ese mínimo contacto y me provocó el mismo efecto. Estábamos desacostumbradas de nosotras. Desacostumbradas de nuestra hermandad ¿Cómo pude vivir sin ella tanto tiempo? Ahora se estaba convirtiendo en necesidad, en mi necesidad.

- Es un lugar increíble – admiró parada en frente del ventanal. Comenzaba a oscurecer.

Nos habíamos quedado juntas en los brazos de Morfeo, ese era el efecto de su famoso café. Cabíamos con exactitud en el silloncito y nuestros cuerpos se acoplaban a ambas figuras, como piezas de rompecabezas.

- Lo sé – contesté orgullosa – Y además en un país maravilloso. Alemania es tan hermosa.

- Yo aquí sólo veo una ciudad, una sofisticada, pero una más – respondió decepcionada.

- ¡No sabes lo que dices! – fue el momento en que asimilé todo. Estaba en Alemania, con mi hermana, mi hermana mayor. Con algunos proyectos incompletos, pero sin trabajo ni tantas preocupaciones. Conociendo a Tokio Hotel, la banda del momento. Y tenía Georg…. Georg junto a mi, no se que era Georg para mí, pero lo era, era el - ¡No pasaremos aquí una eternidad! Conozcamos Alemania. Hagamos radiar a la ciudad, como antes….

- He estado tanto tiempo bloqueada. No se si pueda con tanta emoción y euforia repentina…

- Dame tu mejor intento.

- No lo sé…

- ¡Mimi!

- No se si sea apropiado celebrar, tengo tantos recuerdos aturdiéndome.

- Bórralos, un día, una noche, sólo eso…. Hazme feliz.

- ¿Mi mejor intento?

- Sólo eso, sólo te pido eso.

- Entiéndelo. Estoy huyendo ¿Sí? Huí…. Huí…

- Huyendo del pasado.

- Sí, trato de huir, como si mi vida fuera una persona, que me persigue. Me escondo de ella. La quiero enfrentar, encarar.

- Entonces estamos huyendo juntas – cerré los ojos y sonreí. Estábamos en la misma situación. Escapando de un largo historial. Me gustaba eso. Burlarme de mi propia vida. Lastimarme con ella al recordarla, sí, me gustaba. Me gusta.

- Subir al cielo, ¿para después viajar al infierno? – preguntó encendiendo uno cigarro y fumándolo con la misma sensualidad de siempre. No me acostumbraba a ella, pero verla me daba tanta satisfacción.

- Estamos unidas en el infierno ya, porque no darnos un momento de algo diferente.

- Aparentar que todo está bien – sonó como una pregunta.

- Tal vez reiniciar todo…

- Eso es imposible – se acercó sigilosa y se sentó conmigo, pasando su brazo por mi cintura.

- No. Vamos. Quiero ser tu pequeña Ruzzo otra vez.

- Eres mi pequeña Ruzzo.

- Reseteemos la mala parte de la historia.

- ¿Qué te parece mi mejor intento ante eso?

- Tu mejor intento. No pido más… - le arrebaté el cigarro, fumé. Fumé todo.

1 comentário

oreo_effeckt dijo...

y publicarás mañana? anda si? si ? si? si? si? si? si?

anda anda anda anda anda anda anda
te amo

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