domingo, 25 de julio de 2010

Cap. 38 < Inténtalo a mi lado >






[Capítulo anterior: - ¿Qué te parece mi mejor intento ante eso? - Tu mejor intento. No pido más… - le arrebaté el cigarro, fumé. Fumé todo.]


Y no. No conquistamos al mundo… esa noche. La mañana siguiente lucía prometedora. Me di un baño veloz cuando Marabi aún seguía dormitando en uno de los lados de la cama. Al salir de la ducha con un conjunto ya puesto la descubrí en la sala, tomando un vaso de jugo, escuchando una tenue música y cambiando las páginas de un álbum fotográfico.

- Elisa, ya es tan diferente a como la recordaba – así me saludó. Señalaba una fotografía, la típica fotografía de Elisa y yo, en medio de la nieve. Aquella que vi por última vez en la editorial de Intense Magazine – Pero su mirada profunda sigue ahí.

- Es igual de encantadora y protectora que siempre. Deberíamos avisarle que tú estás aquí, sabes que ella también te quiere como una hermana mayor – sonreí.

- Sí, también la extraño – cambió la página - ¿Trabajan juntas? ¿No es así? – ahora tenía su dedo índice encima de una foto que revelaba a Elisa y a mi sonriendo, organizando el diseño de un artículo, entre colores, telas, recortes y demás.

- Trabajábamos – suspiré.

- ¿Y qué pasó? ¿Nuevas ofertas para alguna de las dos?

- Me corrieron – saqué la lengua como niña pequeña.

- ¿A ti? ¡Debes estar bromeando!

- Digamos que la directora de la revista es una perra.

- ¡Pero tu también lo eres! – Canturreó animada, pero abrió mucho los ojos al ver mi no tan agradable expresión – Me refiero a que tu la puedes superar. Recuerdo cuando ponías en su lugar a las chicas que se querían pasar de listas contigo en la preparatoria, tan sólo con un puñado de palabras inteligentes.

- Tu me enseñaste, no intentes hacerme sentir bien – giré los ojos.

- No puedes negar que eres una muy buena aprendiz – me hizo un guiño.

- Esta vez no dependía ciertamente de mi, ni siquiera tanto de ella, Stephenie. Entrevisté a Tokio Hotel en el Alter Party de los MTV Music Adwards, fue una chispa inmediata. Varias camaritas se encargaron de fotografiarnos a Georg y a mí, inventaron rumores, salió todo en periódicos y televisión. Aparte de tener fans de la banda furiosas conmigo y tener que aguantar seguridad privada por un largo rato, no le favorecía nada a Intense Magazine y ¡Bye!

- Así que así fue…

- Pues sí, pero tengo un proye…

- No me refiero al trabajo. Así conociste a Tokio Hotel.

- Sí, ellos son tan agradables – le enseñé una foto de la banda que estaba en mi móvil – Ya conoces a Georg, el bajista. El de rubio de lentes es Gustav, baterísta. El alto de facciones impecables y mohicana nada discreta es Bill Kaulitz, cantante. El último, de trenzas y gorra, es el hermano gemelo de Bill, Tom Kaulitz. Seguramente ya los conocías.

- Claro. Me había fijado un poco en ellos. Todos son sumamente atractivos.

- Créeme, en persona impactan aún más. Bill tiene una mirada tan interesante y apantallante.

- ¿Bill? ¿Te traes algo con él? – me dio un pícaro codazo.

- No – reí con agrado – Es la persona con el carácter más lindo que conozco, pero no. Aunque debo de confesar que sus ojos fueron los que más me atrajeron, me siguieron esa noche en la fiesta, pero me habló únicamente con el interés de acercarse a Elisa. No son novios, pero sospecho que están en el proceso de serlo – me di cuenta que estaba sonriendo como boba ante tan memorables recuerdos.

- Claro ¿cómo puedo pensar que traes algo con la mohicana si el amor se te desborda hasta por los oídos por el bajista?

- ¿Georg? – pregunté inmediatamente, exaltada, casi tirando el vaso de jugo. Me sentí tan torpe.

- ¿Qué acaso la banda tiene dos bajistas? Obvio cariño, ¡Georg!

- Eh… no, Georg el… es sólo mi amigo – por suerte la frase se me dio con naturalidad.

- ¡Que gran alivio Constance! – Sonrió acomodándose el cabello – Por un momento pensé que tendríamos que compartirlo.

No creía lo que acababa de escuchar. Repetí la frase mentalmente varias veces.

- ¿Compartirlo? ¿A que te refieres? – tartamudeé.
- Es perfecto para mí – asintió - ¿Crees en el amor a primera vista? Porque yo sí, completamente.

Respiré hondo y tragué una gran cantidad de saliva. Sentí una gran presión en mi abdomen. La textura de un profundo desasosiego dentro de mí.

- No me mientas Ruzzo. Si crees que no he notado tu color rosado en las mejillas y tus ojos apunto de estallar un mar de lágrimas, estás muy equivocada – me quedé atónita, con la misma cara de sorpresa – Bien, ahora puedes respirar ¡Respira que si no lo haces te mueres! ¡Respira! No, no me gusta Georg. Es tu lección, no me mientas. El chico es muy agradable, lo veo junto a ti… y sobre todo, lo apruebo como cuñado.

- Eh…. – exclamé aliviada. Aunque esa prueba no me había simpatizado en lo absoluto - ¿Necesito de tu aprobación con los chicos?

- No la necesitas, es obligatoria – sonrió desafiante.

- Sí claro – ignoré – Aún así, sigue siendo mi amigo.

- ¿Quieres que sea algo más?

- Pues…. – solté una risita nerviosa.

- Eso es un sí. Te conozco. ¿Quién es el que se está viendo lento? ¿Tú o el? Sí eres tu te soltaré una buena bofetada – levantó su mano en alto, cerca de mi mejilla – Y sí es el, lo veré como un idiota el resto de su existencia, pero puedo hacer que se apure.

- Baja esa mano – protesté tomando esta y posándola encima de sus piernas – No lo sé, no se quien es quien. Hemos estado juntos ya…

- ¿Te refieres a que has dormido con él? – recapacitó – Bueno… sí es que se le puede llamar ``dormir ´´.

- No. No con exactitud. No hemos pasado más allá de las caricias y besos.

- Decir que lo amas sería muy apresurado. Pero te gusta, y el te desea….

- ¿Eso tú cómo lo sabes? – Interrumpí, un poco irritada – Llevas un día aquí y estás sacando conclusiones falsas. Ni siquiera sabes cual es nuestro tipo de relación.

- ¿Y tú sí? – levantó una ceja, con esa actitud retadora tan suya. Marabi era de las pocas personas que me podían dejar con las palabras en la boca, más bien, Marabi era la única – Lo sé porque lo vi en su mirada. Hasta el más despistado lo podría notar. Te quiere a su lado.

- No lo sé, yo no se si podría…

- ¿Qué pasó con tu actitud de ``inténtalo ´´? – fue algo similar a un tono burlón. Le dio el último trago al vaso de jugo.

- Creo que no estoy preparada para una relación…. Para otro noviazgo.

Nos miramos por unos segundos, esa mirada que come, que absorbe. Sonrió y en de un brincó se incorporó del sillón. Entró a mi habitación y salió casi instantáneamente con una cajetilla y un encendedor. Prendió su cigarro a un paso del ventanal. A pesar de la distancia, comenzó a hablar mientras admiraba Berlín…

- ¿Qué te dijo Danny? – preguntó, más seria.

- Sabes que vino – no era pregunta – Tú lo sabías – tampoco lo era.

- Yo le di tu dirección – confesó segura de si misma, como siempre – Lo recordaste, recordaste todas tus travesías junto a el. Ahora no te sientes segura de comenzar una nueva relación.

- Y no me vas a forzar a empezar una – froté mis dientes, la sangre comenzaría a hervirme.

- En ningún momento mis intenciones son esas, tú hazlo cuando te sientas preparada; cuando sea el lo que puedas a olvidar y no lo tengas como referencia para cada persona que pasa en tu vida.

- Ya lo olvidé…. Ya olvidé su cariño – me sorprendió la frialdad que salió de mi boca – Ahora quedan sólo los recuerdos, pero sin ningún sentimiento en ellos.

Casi tenía que gritar debido a los pasos que nos separaban, yo permanecía en el sillón, y no era nada placentero. Me levanté de el, y me dirigí a su lado. Me ofreció cigarro de en su propia mano, sin soltarlo, absorbí y lo volvió a dirigir a sus labios.

- Pequeña… - exclamó dulzona, acomodando mi cabeza a la altura de su hombro.

- ¿Por qué le diste mi dirección? – sollocé.

- Era hora de que lo enfrentaras.

- Todo quedó igual, tal vez peor – mi primera lágrima rebotó contra su piel de seda y murió en el suelo. El día de la visita de Danny transcurría como una película en mi memoria – Él perdió la cordura.

- Él sigue en aquí, en Alemania, junto a Jacob y William – sacó una coqueta nube de humo – Sí Constantine, me siento culpable. Vine para ver como te encontrabas. Tal vez debí haber dejado todo en tus manos….

- No. Para ser sincera, ya me lo esperaba – otra lágrima me acarició la cara hasta llegar a mi barbilla – Esperaba que el primer paso lo dieras tú.

- No puedo ``salvarte ´´ siempre Daiana, aunque quisiera. Sí, erróneamente di el primer paso, ahora se desató todo.

- Prométeme que te quedarás junto a mi hasta que esto acabe – cerré los ojos y rodé su cintura con los brazos.

- Yo te hice entrar a la guerra sin fusil – suspiró – Aún no estabas preparada. Sigues siendo mi pequeña. No me apartaré de ti.

- ¿Lo prometes?

- Lo prometo – besó mi cabeza – Pero a cambio, tú debes ser feliz, intentar nuevas experiencias.

Le sonreí apartándome de ella. Limpié las lágrimas con emoción y alboroté mi cabello.

- Entonces Georg te gusta como cuñado ¿uhu? – reí.

- ¡Agh! – Rabió entre risas - ¡Esa es mi Ruzzo! – concluyó con un tosco abrazo.

.   .  .  .  .

En el transcurso del día, me dediqué a hacer llamadas. Elisa se puso como una loca al enterarse de que mi hermana estaba en la ciudad y prometió organizar un plan para esa noche, junto a Atziri, quien aún no conocía a Mimi. Ahora que lo pienso, creo que tampoco sabía que tenía una hermana.

También llamé a Taylor Pethel, quien aportó su actitud de diva ofendida ante mi ausencia de constancia y presencia. Le aseguré qué ya tenía seis canciones listas en promedio, y organizó una reunión necesaria para los próximos días. La llamada despertó el interés de Mimi y me preguntó al respecto. Le conté sobre el proyecto de lanzarme como cantautora y de inmediato se ofreció para ayudarme a completar las doce canciones que Taylor me solicitaba. Ella era buena para escribir y tocaba el piano con la misma facilidad y soltura que yo.

- Los siguientes días nada de estar aquí aplastadas – soltó animada a media tarde, cuando estábamos mirando series de televisión.

- Necesito comprobarte que este es un hermoso país. El representante de los Tokio, David Jost, podría sugerirme algún guía o plan turístico, el tiene muchos contactos. Le llamaré luego, así podríamos recorrer varias ciudades.

- Sería algo estupendo, aunque sospecho que tú sólo tienes ganas de presumirme tu nueva nación.

- ¡Claro! Me gusta aprovecharla – reí – Tengo tantos planes junto a ti.

- Me cobrarás todo el tiempo que pasamos distanciadas ¿verdad? – puso las manos en su cara y echó la cabeza hacia atrás.

- No… te lo cobraré con intereses.

- Perdón, pero no fui sólo yo la que se apartó.

- Tú me lo podrás cobrar después.

- ¿Con Georg? – me dio un ligero empujón mientras paseaba la lengua por sus labios de una manera traviesa.

- ¡Sólo por eso te encontraré a alguien con quien te pueda molestar, solterona! – exclamé en una carcajada mientras Marabi me perseguía como una psicópata armada de una gran almohada por todo el departamento, una y otra vez.

1 comentário

oreo_effeckt dijo...

hahahahahaha

tu pinche hermana es bien ogete hahahaha XD

te amo!

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