miércoles, 28 de julio de 2010

Cap. 39 < Reiniciación >




[- ¡Sólo por eso te encontraré a alguien con quien te pueda molestar, solterona! – exclamé en una carcajada mientras Marabi me perseguía como una psicópata armada de una gran almohada por todo el departamento, una y otra vez.]

- ¡Préstame ese vestido morado! – Exclamó emocionada parándose de la orilla de la cama en un brinco - ¡Préstamelo!

- ¿Acaso no traes ropa en tu excesivo equipaje para salir está noche? – pregunté divertida mientras movía las prendas del closet intentando seleccionar algo.

- ¡Oh! Solamente siete vestidos – hizo una mueca desanimada.

- Solamente – dije burlona levantando las cejas – Te lo prestaré de todas formas, no me gusta mucho en mi. Es un color que va más contigo. Toma - lo arrojé en el aire.

- ¡Gracias! – Lo admiró de cerca cuando ya estaba en sus manos - ¿Qué usaras tú? Sí dejas de mover las manos como maniaca esperando que aparezca mágicamente una prenda perfecta, te puedo dar algo que te quedará magnífico.

Corrió hacia su maleta, la abrió en un ágil movimiento y me extendió un vestido. Sí, precioso. A pesar de tener gustos tan diferentes, podemos entendernos a la perfección. Me agrada. Es una habilidad que la hemos tenido desde niñas; cuando paseábamos los domingos por el parque y terminábamos arrasando con la dulcería. Mimi compraba algodón de azúcar para mi, yo galletas napolitanas para ella.

- Es como si fuera hecho…

- Justo para ti – completó cuando yo admiraba la prenda sobreponiéndola encima de mi ropa – Y sí, lo compré para ti, hace tres años. Tenerla conmigo era como una especie de recordatorio, que me decía todo el tiempo que eras mi hermana. Necesitaba verte, estar junto a ti.

La miré con ternura, queriéndole dar un gran abrazo, uno que le llegara hasta los huesos.

- ¡Agh! Pero Constanza ¡No me mires así! – reclamó haciendo un puchero y cubriéndose la cara con el vestido púrpura.

- ¿De que manera? – insistí con la voz más melosa que pude.
- ¡De esa manera! – volvió a quejarse cuando apartó un cacho de la tela. De inmediato se volvió a cubrir - ¡Quita tus ojitos pizpiretos de anime!

- ¿Cómo me pides eso? Acabas de aceptar que necesitabas verme, compartir tiempo conmigo ¡que me amas y me necesitas! Soy tu oxígeno, tu razón para vivir – reí haciéndole burla mientras me arrodillaba ante sus pies y me colgaba de una de sus piernas haciéndola fastidiar.

- Lo exagerada no se te ha ido, ni un poco – fingió indignación, pero pude ver como retenía la risa también - ¡Levántate del piso Ruzzo!

- ¡No! Es muy cómodo…

- Lo dudo.

- No dudes de mi – rugí tirando más de su firme pierna – Mira… ¡pruébalo! – jalé aún más. Si, ambas estábamos tumbadas, ella, con esa cara de desconcierto que tanto me fascinaba. No se de donde surgía mi obsesión para hacerla bramar con mi inmadurez. Mi inmadurez a mis 24 años.

(Mimi Ruzzo)

Daiana me hizo terminar en el suelo. Su frenética risa retumbaba por toda la habitación hasta que en un punto, se hizo contagiosa. Aún así, le di una mirada de pocos amigos cuando entre las dos, logramos incorporarnos.

- Sí, sí, me dirás que sigo siendo un bebé – giró los ojos mientras volvía a apreciar el vestido que yo le había dado momentos atrás. La manera en que aprecia todos los detalles, tan pequeños que sean, es de sus mejores cualidades – No me importa – fingió.

- Efectivamente. Lo sigues siendo. Lo serás siempre – sonreí, aunque a ella no pareció hacerle mucha gracia y me sacó la lengua.

Giré riendo para alistar mis prendas de esa noche. Estaba ansiosa por ponerme ese color morado sobre mí. Entre ruidos y unos pocos vistazos percibí como Constance se desvestía sin pudor para ponerse la ropa de gala. Se quitó la camiseta y los pantalones por igual, quedando en ropa interior.

- Eh… yo… - aclaró la garganta cuando me vio ahí – Lo siento, ya estoy acostumbrada a vivir sola.

Sus pálidos cachetes se sonrojaron como en la adolescencia cuando hablábamos acerca de chicos. Se puso el vestido en el movimiento más rápido posible.

- Somos hermanas, tonta – sonreí mientras desabrochaba mi pantalón, así deslizándose por mis piernas y acabando abultado en la madera del piso. Me carcajeé por la ridícula forma en la que se volteó al ver un poco más de piel de su propia sangre - ¡Somos hermanas Const!

- Me desacostumbré a ver asombrosas piernas desde hace un tiempito – volteó de nueva cuenta, temerosa, haciéndose la desinteresada.

- Eres una boba – reí quitándome la blusa por igual.

- ¡Ok! También me desacostumbré a ver asombrosos pechos.

- ¡Eres una boba! – repetí aventándole mi ropa en la cara. Y la aprecié mejor. El vestido le quedaba como un guante – El vestido. Sabía que era para ti.

- Espera a que tu te pongas el tuyo, me vas a opacar – hizo un mohín bastante cómico y fingió derrota.

- Las dos deslumbramos cariño, no te preocupes.

Salimos del departamento cerca de las ocho de la noche. Vaya que Berlín es frío, los aires helados son mortales. Estoy aferrada al calor y brisa cálida de Los Ángeles. Soy más apegada a eso, pero he de admitir que las lluvias son mi pasión y aquí es raro el día en el que las nubes no lloren.

Estamos en camino a un ``tranquilo bar ´´ (así es como lo describió Constance, aunque no confió mucho en su concepto de tranquilidad). Veré a Elisa de nuevo y conoceré a una tal Atziri, que según sus fotos, se ve simpática.

Las calles están repletas de luces y cabelleras rubias al igual que ojos claros, aunque también destacan personas con piel más obscura, pero facciones alemanas. Le adquiero un mayor interés a la ciudad, pero extraño mi California.

Parece que hemos llegado. Luces rojas salen disparadas del local. No lo describiría como tranquilo, pero no aparenta ser tan denso. Constance me toma de la mano al salir del taxi. Aún me pregunto porque todavía no tiene un coche, yo lo manejaría y apuesto que hubiéramos llegado un sentar de veces más rápido. Soy adicta a la adrenalina.

- ¡Mira! Ahí están – mi pequeña señala un lugar con varios sillones en donde dos chicas con su deslumbrante piel morena están conversando.

- ¡Marabi! – Elisa me taclea cuando aún nos estamos acercando a los silloncitos. Me mira con sus ojos dulces – ¡Pensé que habías muerto!

Volteé a ver a mi hermana confundida…

- Sólo está bromeando Mimi – contestó esta con una risa mientras la otra chica, que supongo que es Atziri, la abrazaba emotivamente.

- ¿Cómo estás? – Elisa sigue eufórica y parloteando tan rápido que ni siquiera he podido hablar.

- Elisa, hermosa, estoy muy bien ¡alegre por estar aquí! – Sonreí devolviéndole el primer abrazo – Tanto tiempo sin verte. No habíamos estado juntas desde...

Paré mi gran boca. La última vez que había visto a Elisa me traía pésimos recuerdos.

- Desde la vez del aeropuerto – bajó la mirada.

- Sí. Que bueno que nos podamos ver fuera de ese tipo de circunstancias.

- Tienes razón – sonríe, o supongo que lo hace, todo el tiempo tiene una imborrable sonrisa en la cara – Estás radiante, como siempre…

- Gracias Elis. Y... gracias por cuidar de Constance todo este tiempo. Se que no es tarea nada fácil, cada día se mete en más embrollos – me siento mal por hablar de mi hermana como si tuviera diez años de edad.

- Tiende a hacerlo – ríe animada – No agradezcas, lo hubiera hecho aunque tu no me lo hubieras pedido. Dai es todo un bello caos.

- Ella no debe de saberlo. No debe saber que te pedí que vieras por ella como si yo lo hiciera, no queremos que se moleste – sonrío alzando los hombros. A pesar de la sutileza de mis palabras, Elisa capta el mensaje inmediatamente, como siempre lo hace.

- Marabi… ven para acá – interrumpe mi hermana alegremente - ¡No te he presentado a Atziri!

Jala de mi brazo hasta el lugar donde ellas dos están. Elis se nos une.

- Mucho gusto Atziri, soy Marabi Ruzzo – mis labios truenan en su mejilla.

- No se como Daiana pudo ocultar tanto tiempo que tenía una hermana. No me lo trago – dice sorprendida. Tiene una bella mirada y su cabello se ondula de una forma muy bonita - ¡No jodan que esto es una de sus bromitas!

- ¡Hey! – Dice Elisa exaltada – Atzi… sin groserías – devuelve su noble sonrisa mientras le da un ``disimulado ´´ codazo a la morena.

- Ay, ¡Dios! Como si tú no dijeras ninguna – repela Atziri sonriendo. Elis le lanza su mirada más amenazadora, aunque no logra mucho.

- Prometo que no es una broma. Por algunas complicadas razones nunca te lo mencione nena – rompe Const con una voz dulce - ¡Pero no me reclames más! ¡Aquí la tienes en vivo y a todo color!

- Eso sí. Si que tiene color, no como tú Dai, eres una paliducha – ríe. Me gusta su actitud ``vale todo ´´, a pesar de eso, creo que entiende que queremos evadir el tema.

- Calla. Simplemente yo soy la versión deslavada – mi hermana asiente levantando un pulgar y dando una bella sonrisa.

- Sus características son muy distintas, pero tienen la misma mirada – Elisa le señala a Atziri, quien observa detenidamente.

- La mirada Ruzzo – decimos Constanza y yo al mismo tiempo. Nos reímos juntas después de echarnos un cómplice vistazo.

- Oh dios mío…. Son tan iguales que hasta dan asco – Atziri ríe animada y nos abraza a las dos a la vez – No se nada de ti Marabi, no se de donde saliste o no se si esto sigue siendo una broma de cámara oculta, pero como sea ¡bienvenida a la ``familia ´´!

- Prepárate para ser torturada por este mounstro el resto de tus días – soltó Elisa en una carcajada lo cual causó que Atziri se trepara en su espalda tratando de aniquilarla.

Ante tan cómica escena pero también vergonzosa, Const y yo decidimos ir por unos tragos. La música es buena.

- ¿Siempre son así? – pregunto. Estamos en unos incómodos banquitos pegados a la barra.

- Siempre – sonríe dándole el primer trago a su bebida y haciendo una carita digna para foto – No hay día que no me hagan reír. Son una bomba de personalidad, y más juntas.

- ¡Que me he dado cuenta! – también le doy el trago a mi vaso, trato de disimular más la reacción. A lo lejos se ve como aquel par siguen entre carcajadas y jaloneos.

- Un día van a acabar enamoradas y nosotras vamos a ser las madrinas de boda.

- No lo dudo – suelto con otra sonrisa, otro trago también. Más gente se reúne en la pista de baile, que no es muy amplia, pero está más animada que muchas de las que he visto en mi vida.

- ¿Qué? – Pregunta con su gesto curioso - ¡Tú quieres bailar! – suelta animada parándose del banco en una pirueta fulminante.

- Eh…

- ¡Vámos! ¡Mimi!

- No… - le enseño mi trago – Estamos tranquilas, platicando.

- ¡Anda! Platicaremos regresando al departamento ¡como sea!

- Ahá… y mañana por la mañana te quejarás de las ojeras y me darás la razón a mí, completamente arrepentida.

- Tus hipótesis son una tontería Mimi.

- Da igual. Pediré otro trago.

- ¿Quién se ha dedicado a amargarte tanto? ¿Eh? ¿Y la loca chica de California que dice ser mi hermana?

- ¡Yo no soy ninguna amargada! – contesto, hablando en serio.

Me mira levantando las cejas, y cruzando los brazos. Ella no me reta. No utilizará mi propia técnica conmigo, oh no.

- ¿Quieres saber quien es la amargada?

- Sí – contesta complacida. Se pone feliz al notar que me levanto del asiento.

- Lo averiguarás después de esto.

Creo que dejé mi trago en la barra, no recuerdo. La jalé de la mano hasta esta masa de personas. Nos adentramos entre ellas y aquí estamos, justo al centro. Bailando, como antes. Me divierto otra vez, me divierto junto a mi hermana y eso es genial.

Como si las apocalípticas resonancias del ayer se borraran, poco a poco, paso a paso, con los escondrijos de una hermandad renacida. Una relación que florece y cubre huellas profundas en los corazones con sus antiguos frutos, pero ahora, renovados.

1 comentário

oreo_effeckt dijo...

ay ay ay ay esa zorra!! hahahaha
no sabes como me reí en este capitulo..... y la verdad es que n sé por qué razón me reí tanto XD!

Ah sí, ya me acorde.... xD

Como ¿recuerdas a la trailera? hahahahaha XDD sabrás de lo que hablo mi amada Dai! Muero por el siguiente. TE AMO!

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