martes, 15 de diciembre de 2009

Cap. 22 < Todo tiene solución > Parte II







[Capítulo anterior: Todo volvió a la normalidad, palabras e imágenes puestas en su lugar, pero cinco desesperadas llamadas perdidas en el teléfono, aguardando para atormentarme con el nombre del remitente, Georg…]

(Georg)

Una, dos, tres, cuatro, cinco. Cinco veces e marcado a su número pero nada, sólo la voz de la compañía del teléfono, indicando que la llamada no a sido contestada.

- ¡Ya se que no a sido contestada, no soy estúpido! – le grité a mi aparato, que siendo electrónico, no tenía la habilidad de entender mi desesperanza.

- ¿A no? ¿No lo eres? – entró Tom bufándose a mi negación de estupidez. Traía un par de cajas de pizza en las manos.

- ¡JA! Que gracioso – torcí los ojos, pero aún así intenté arreglar el momento con una sonrisa.

- Vamos, no seas grosero Hagen, todavía que te traigo el pan de cada día, te amargas – interpretó un adulto maduro, pudo parecer real, pero pronto los dos estábamos rompiendo en carcajadas.

- ¿Y por que negabas que eras estúpido hace unos momentos? – me pregunto después de constantes risas, una tras otra.

- Nada. El teléfono intentaba mofarse de mí.

- Ves, hasta el teléfono te ve cara de simio.

- Cállate Kaulitz – lo fulminé con la mirada.

Arranqué un trozo de pizza de aquella circunferencia y al tratar de abarcar la mitad de este con mis mandíbulas una mancha salpicó en mi playera. El recuerdo de Daiana me vino a la mente, justo aquella noche en el restaurante mexicano, donde la torpeza se apoderó de mí y la copa de vino fue directa a su ropa. Las imágenes de su escote al tratar de limpiarse, crearon en mi ese efecto que todo hombre tiene al ver piel femenina.

Me hacía enfurecer todo lo ocurrido; todo aquel embrollo del ventanal y su `` amorcito ´´, ese tipejo pálido con melena de pandroso.
Aunque en cierta parte yo tenía que seguir mi vida a la normalidad. ¿Por qué sufrir? Así como decía Tom, ella no era nada de mi, nada.

- ¡Ay! no me digas que es ella de nuevo.

- Es ella de nuevo.

- Te dije que no me lo dijeras – me lanzó una lata de cerveza hacia las manos, y comenzó a pasearse por mi departamento, el cual las fiestas y reuniones hacían que Tom lo conociera a la perfección.

- Es bonita Tom, muy bonita – admití, ideándomela entre mi mente, como en una nube de recuerdos.

- Bonitas, muchas.

- Daiana, sólo una – suspiré de una forma ridícula.

- ¿Y tú? ¿Desde cuando centras la mirada en una chica en especial? Siempre has sido más relajado en ese punto hombre – Tom me miró ¿decepcionado?

- Es que es ella, sus movimientos, su aroma, su sonrisa, ¡ella! – pasmé la palma de mi mano directo a mi frente.

- Hagen, ¿Por qué no me ayudas a escribir algo? – Tom soltó repentinamente, mientras corría de un lado a otro, volvió con un pedazo de papel, el cual lucia como una servilleta, y un lápiz mordisqueado.

- ¿Y eso? – pregunté sin captar la relación del cambio de tema.

- Sí, sí – colocó la lata de cerveza vacía en el piso de una forma vertical, y le dio un pisotón con fuerza – El viejo, David, nos manda de nuevo a trabajar.

- Ya era hora, perderemos fans si seguimos así – me recargué en lo más lejano del sillón – Pues pon cerebro en las letras, lo siento, no es mi responsabilidad.

- Ayúdame, se me han secado las ideas.

- Que raro – dije con sarcasmo.

- Bien sabelotodo, entonces tú escribe – me aventó el papel y el lápiz a la cara y sacó de algún rincón de mi cueva, aquella guitarra que meses atrás había olvidado por ahí.

- Tu bien conoces que yo para escribir, no sirvo.

- Hagen en realidad no sirves para nada – río mientras deslizaba por las comisuras de su boca las palabras `` es broma ´´ - Me vale un reverendo cacahuate que no sepas escribir, Bill ya tiene varias letras, pero ya esta agotado, quiero cooperar con más material – comenzó a afinar las cuerdas de aquella Gibson – Estás inspirado, piensa en Daiana, ¡Escribe!

Curiosamente lo obedecí, como alumno al maestro. Apoyé la afilada punta del lápiz contra el papel, y bastaron cinco segundos para que este se empezara a mover como loco. Tom ideaba un suave ritmo en la guitarra, en el cual me basé y me inspiró para continuar con las palabras. Pasaron no más de dos horas.

- Léela – Tom señaló el papel, que ya estaba repleto por ambos lados.

Tuve la amplia esperanza de que Tom no se burlara de las palabras anotadas a esa absurda servilleta maltratada, y ahora entintada. Sabíamos con que reír y con que callar, y en esta ocasión sin duda se debía callar, y escuchar, sólo escuchar. Divisé a Daiana entre mis ideas, y comencé a deslizar mi mirada en la línea de palabras, leyendo.

- It was a wrong time, maybe just a bad moment, the voice inside my head said that you was the one, the right one, always the one, the one… -

(Daiana)

- ¿Cómo? ¿Yo? – dije cuando Taylor terminó de hablar.

- Sí Daiana, tú – sonrió orgulloso de su discurso, en el cual sólo pude escuchar las palabras clave, suficiente para entender la idea.

- Dai, es una excelente oportunidad – Atziri tomó de mi brazo – Aparte de todo, tu andas buscando trabajo, ¿Cómo no vas a aceptar? –

- No, no es lo mío – me limité a decir entre una nerviosa risa.

- Cariño, ¡Abre los ojos! Sería una desición que te cambiará la vida para bien, no pierdes nada, nada de nada, sólo inténtalo – Taylor suplicó, torció sus labios bien hidratados.

- Yo soy escritora, no soy…. –

- Cantante – completó Atziri con aburrimiento a la frase - ¿Cuántas veces más escucharé eso? –

- Es la primera vez que lo digo – corregí, aceptando la taza de café que Taylor me extendió.

- Sí, el día de hoy – ella puso los ojos en blanco – Desde la primera vez que te oí cantar dijiste eso, y no paras de repetirlo cada vez que comento algo sobre tu voz –

- En efecto, es sólo la verdad – metí un poco mis labios dentro de la taza para darle el primer sorbo – Escribir y cantar son dos cosas muy distintas –

- ¡Estupendo! Eso beneficia, en vez de cantante, serás cantautora – aseguró Taylor, como si yo hubiera aceptado.

- No lo creo, les soy sincera, no es lo mío.

- ¡Santo cielo Daiana! ¿Cómo no lo va a ser? Te he escuchado cantar por años – Atziri jaló un poco de mi mano libre.

- Cierto, pero sólo dentro de la regadera.

- Pues es hora de salir ahí, por lo que Atzi me a hecho comprender, tienes una prodigiosa voz – Taylor entrelazó los dedos de sus manos y me miró cansado, intrigado por mi respuesta.

- ¿Con cual disquera o productora implicaría mi NO asegurada desición? – resalté la palabra negativa.

- No es seguro, eso se sabe hasta el momento de firmar el contrato, pues varias disqueras quieren nuevas voces, prácticamente, aunque no suene muy atractivo, es al azar – él acercó un papel a través de la mesa, bases y condiciones del contrato. Sonaba tentador, pero, no era un plan que yo tuviera en mente, nunca lo tuve, y tal vez nunca lo tendré.

- Yo…. – ambos miraron esperanzados – Yo no lo se –

- Hey, tienes que aceptar, usarás mis diseños – bromeó Atziri, plantándome un beso en mi mejilla derecha, con fuerza al impactar sus labios a mi piel.

- Si sólo implicara eso, sabes que aceptaría, pero por desgracia, o tal vez fortuna, involucra un sin fin de decisiones y consecuencias que posiblemente a la larga me pesen – sonreí en tono de disculpa – Aparte de ello, no me agrada lo del azar respecto a la productora que me podrían designar –

- Lo siento, esas son las bases que establecieron, yo no las puedo cambiar – dijo Taylor. Lucía indignado u ofendido al ver que mi decisión declinaba más en un `` no ´´ - Sólo digo que cuando acabes con piernas celulíticas, soltera, acné exagerado y veintisiete gatos rodeándote, no vengas a pedirme un contrato –

- Oh claro que lo haré, para entonces el acné será estético y la celulitis un adorno natural – dije para fastidiar, mientras los tres soltábamos una risa.

- ¡Vamos chica! Triunfarías, tienes ese brillo especial, ese que no todas aquellas con voz prodigiosa tienen, tienes un destino exitoso – sonrió entusiasmado – No hagas arrodillarme –

Giré la mirada hacia Atziri para pedir consejo, pero ella sólo levantó los hombros, induciéndome en una peor circunstancia. No sólo sería un juego, sería una profesión; pero esta, a comparación de muchas otras, no sería temporal, me dejaría marcada toda la vida.

-Daiana, no me hagas arrodillar – repitió Taylor, ahora en tono de advertencia.

- No lo se, sólo no se, es difícil para decidir, y más ahora.

Como hice caso omiso a su advertidota frase, tuve que soportar la vergonzosa escena. Sí, Taylor casi aplastando mis pies con sus rodillas, poniendo las manos juntas en suplica, amontonando palabras, jalando de mi cabello y brazos, en total, algo ridículo. La gente que pasaba por ahí, algunos fotógrafos, diseñadores y modelos, pudieron notar la sobrepuesta actuación de Taylor a través de la puerta abierta. Comenzaban a mirar extrañados y cuchicheaban entre sí.

- ¡Está bien! – Elevé la voz, y me paré de inmediato azotando la puerta para detener el espectáculo apto para público morboso – Esta bien, acepto.

- ¡SÍ! – celebraron ambos, chocando palmas.

- Ya me imagino tu primer videoclip y tu voz saliendo por todas las estaciones de radio – Atziri me abrazó con emoción.

- Hey bueno, aún hay que guardar la compostura – Taylor se contradijo mientras arreglaba su corbata – Tienen que hacer algunas pruebas primero, una especie de casting –

- Lo podré soportar – sonreí ligeramente, cada vez la idea me interesaba un poco más.

- Eso es todo, actitud de diva – me devolvió la sonrisa complacido.

- Con ella nació Taylor, por eso ella cuadra perfectamente con todo el mundo artístico – Atz tomó de mi mano y la apretó con firmeza – Pero nunca dejará el talento atrás –

- Se que es una buena desición, estoy segura que no se arrepentirán…-

- ¡Taylor! – exclamó Atziri exaltada para callarlo.

- ¿Quién tampoco se arrepentirá? ¿Hay algo que deban decirme? – levanté el mentón.

- No, nada, en lo absoluto – dijeron a unísono, con cierto nerviosismo y una gran mentira sostenida justo en las pupilas.

- Bueno, no insistiré – acepté mi derrota sin apenas haber empezado la batalla para averiguar quien más no se arrepentiría de `` tenerme ´´, pues sabía que era absurdo luchar para sacarle algo a Atziri, era técnicamente una imposibilidad.

- Pues entonces Daiana… - rompió el incómodo momento, la voz de Taylor.

- Puedes llamarme Dai, si quieres – ofrecí amistosa. El tipo, a pesar de conocerlo hace un par de horas atrás, me había caído bastante bien, y algo en el me era familiar.

- Ok, entonces Dai… – resaltó el diminutivo – te daré un pequeño planificador de todo lo relacionado con el casting, así podrás prepararte –

- Eso sería bueno – recibí la hoja con cuidado y la observé fugaz.

- Verás que pronto mis diseños serán lucidos en tu cuerpo – Atziri me dio una pícara nalgada.

- Es lo que esperamos, este trío ¿Cierto? – Tay se acercó para despedirse cuando se percató que tomaba mi bolso del recargabrazos de la silla y mi abrigo se unía a mi cuerpo.

- Cierto, cada vez estoy más convencida.

- De eso se trata.


. . . . . .


Sentí el tono polifónico de mi celular como nunca antes, más la molesta vibración del aparato que se acumulaba en mi bolso.

- ¿Sí? – apreté la tecla verde, sin dar ni un vistazo al display del aparato.

- Hola.

Aquella voz me era conocida, bastante conocida. Aparté el móvil de mi oreja y vi el nombre de la misteriosa voz en la pantalla. Volví a colocar el teléfono en su lugar para continuar con la llamada.

- Oh, ¡que sorpresa! – Dije - ¡Hola!

- ¿Cómo has… -

- Bien, muy bien, gracias – contesté rápidamente, sin apenas haber dejado que argumentara la frase, me sentí como una estúpida - ¿Y tú? – puse más tranquilidad a las palabras.

- Pues bien, no me quejo – sonaba relajado.

- Que bueno – y yo aún sonaba como una estúpida.

- ¿Qué tal, ya has conseguido algún trabajo?

- Justo eso es en lo que estaba.

- Ah, por eso no me contestaste – sonó curioso, y un poco preocupado.

- Aha, disculpa las llamadas perdidas, era una difícil desición, tal vez un trabajo que me cambie la vida.

- ¿Qué tal si me cuentas acerca de ello, mañana en la noche, en algún bar lounge de la ciudad? - tomó sus técnicas de ligue y las puso en juego. Con mi oreja pegada a la bocina del celular, escuché, además de su voz, otra al fondo, que lo llenaba de consejos y lo atiborraba sin cesar - ¿Qué dices Dai? Será divertido.

- No lo creo Georg, ah… salúdame a Tom ya que está por ahí ¿no?; me alegra haber hablado contigo, ya veo que lo de la otra noche no afectó en nuestra relaci… amistad – arrojé mi celular al fondo del bolso mientras el tono amable de mi voz pero las duras palabras, seguramente comenzaban una revolución en la mente de Georg.

1 comentário

oreo_effeckt dijo...

oh my goshhhhhhhhhhh

esto se pone cada vez mas buenooooooooooooooooooooooooo
mimiiiiiiiiiiiiiiiiii
donde estas???????????
XDD


ya Koni, no seas mala conmigoooo


xD


Te amo<3

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