lunes, 16 de agosto de 2010

Cap. 42 < No todo lo que brilla es oro >





[- Así es, nada más y nada menos que las Ruzzo en persona – sonrió Marabi dándole presunción a su apellido, la cual, no hacía falta. Ya todos estaban apantallados de la similitud entre ellas y… la diferencia tan grande a la vez, y por supuesto, de su exquisitez también.]

Perfecto. Bill me sonríe con ese lindo gesto de hermano mayor, Gustav me da un beso en la mejilla, Tom parece distraído y Georg besa apenas una de las comisuras de mis labios. Sensación de vértigo, hueco en el estómago.

Les presento a Marabi a cada uno de ellos. Dunja está ahora en la improvisada reunión del porche con nosotros; parece aliviada al conocer a sus nuevas compañeras de viaje y no tener que sufrirla sola. David no puede parar de mostrar sus dientes con entusiasmo.

Siento que llamamos la atención de todos los conductores que pasan por la calle, y también la de los peatones, ¿Por qué a Bill se le ocurrió alzarse el cabello hoy?

Georg, quien está justo a mi lado, toma mi mano. Nuestros dedos se acoplan afinadamente, unos a los otros. Me sonríe. Le sonrío. Como niños de primaria, nos soltamos en un torpe movimiento, ya que Dunja nos miró intrigada, y con una actitud de madre emocionada al ver a su hijo con su primera novia.

Los gemelos ya platican con mi hermana, bueno, en realidad creo que sólo Bill lo hace. Tom sigue distraído. Ella contesta con ese inglés, que a pesar de adquirirlo en Los Ángeles, es intachable. Aún así, tendré que enseñarle a hablar alemán.

Esa conmoción de conocer a la inexistente Ruzzo se apacigua, pero todos siguen con la sonrisa de oreja a oreja. Percibo como las miradas pasan de ella hacia mí, y de mí hacia ella. Todos notan el parecido, el parecido tan diferente.

- ¿Cómo has estado? – me susurra al oído.

- Supongo que bien – contesto, también en ruido parecido a lo inaudible.

- ¿Supones?

- Sí, tú sabes. Los días familiares – resalto la última palabra – me han tenido demasiado ocupada como para pensar en mi depresión mortal.

- Emo – aún secretea. Sonríe – Bien. Me alegra que seas feliz linda. ¿Sabías que íbamos a venir hoy?

- No – después de estar viendo al frente toda la conversación, topo con su nítida mirada – A mí me alegran las coincidencias.

Volvemos los ojos hacia delante. Está sonriendo, lo puedo sentir.

- ¡Constance! – Irrumpe su agradable gritito – No dejes que me ataquen con preguntas sólo a mi. A ti también te toca. Todos quieren una explicación – trota hacia mi y me toma del brazo.

- Sí. La mayor presión es para ti Dai – el intento de seriedad de Bill es muy adorable - ¿Por qué tenías a tu hermana oculta?

- ¿Ocultarla? ¿Yo? ¡Debes estar bromeando! – Giro los ojos mientras le doy un ligero pellizco a las mejillas de Mimi – Es ella la hermana mayor. Ella es la que ordena sobre mi ¿No? ¡Me apartó de su vida! – dramatizo.

- Está bien, está bien, está bien. Lo admito ¡La mandé a vivir aquí! – cruza los brazos y hace ese malvado gesto que de niñas, me hacía botar en risas.

- ¿¡Por qué?! – en unísono dicen, exaltados, todos.

- Estaba harta de que se robara todas mis bolsas ¡Es mi colección apreciada! – termina con una de sus maravillosas risas. Las caras de tensión se esfumaron y regresaron las del divertido ambiente.

- No todo lo que brilla es oro…

- Ustedes brillan chicas – interrumpe Dunja la frase que articulaba Jost.

- Exacto – dice contento este último – Será todo un placer tenerlas como parte del Tour. ¿Acaso vinieron para reunirse con estos malcriados? – señala a las cuatro superestrellas sonrientes que están junto a nosotras.

- No en realidad… - contesto apenada.

- Pero no se desanimen – dice Mimi guiñando un ojo – Para mi es todo un honor conocerlos. Son geniales, tan sólo de primera impresión. Mi pequeña y yo fuimos a quedarnos sin dinero a un centro comercial, de regreso, nos adentramos a esta calle y ella me indicó que aquí era el estudio.

- El honor es nuestro – responde Gustav tímido. Sus cachetes se tornan rojizos cuando Mimi le devuelve el gesto con una deslumbrante sonrisa.

- ¡Que encuentro extraño! – Exclama Georg pasando las manos por su cabello para posarlas después en su nuca – Nosotros vinimos a causarle un ataque de desesperación a David.

- Sí, lo de siempre… - la voz de Tom hace debut. Pero parece enfermo. Asqueado.

- No se cómo los soporto – David sonríe dándole palmaditas a Gustav – Pero bueno, será mejor que entremos, puede haber paparazzis ansiosos por la zona y eso no sería nada bueno, Daiana lo sabe a la perfección.

- Puedo decir que no es una experiencia recomendable – oculto una risa – Y gracias, pero, creo que nosotras nos vamos.

- ¡Acabamos de llegar hermosas! – reprocha Bill tomando mis manos.

- Ya veníamos cansadas – agrega Mimi.

- Adentro hay varios sillones y puffs. Es cómodo – dice Georg también con un tono de insistencia – Un rato. No sacaremos tequila cómo la última vez…

- ¿¡Se pusieron ebrios cuando estaban con Daiana?! – Dunja y su hostil mirada hizo que Geo se encogiera y se soltaron las risas – Ustedes son un bodrio.

- ¿Eh? ¿Ebrios? – Pregunta Bill haciéndose el desinteresado - ¿Alguien habló de alcohol? ¡No! ¿Verdad Georg? – Esté niega con la cabeza - ¡Ay! ¡Mi Dunny! Estás tan cansada que escuchas voces, no te preocupes, deberíamos de entrar para que te relajes.

- Sí claro. Escucho voces – gira los ojos, junto a una risa mientras es impulsada a entrar por el menor de los gemelos que la dirige por los hombros.

Los siguen Tom y Gustav; David y Georg por igual. Volteo a verla y se enoje de hombros.

- Un rato no afecta a nadie – ladeo la cabeza en dirección de la puerta de entrada.

- Yo encantada.

Y nos unimos a esa especie de fila india hacia la gran casa de color blanco. Blanco como el futuro.

 .  .  .  .  .

- No se que haría sin ustedes. Gracias.

- Te sacarías de quicio, seguro – bromeo.

- Eso no está en duda ¡Sólo mírenlos! – Dunja se asoma en el marco de la puerta. Ellos, están haciendo un desastre – Siguen siendo unos niños.

- ¿Siempre lidias con lo mismo? – Mimi dice con la vista en Georg, quien molesta a Gustav con anécdotas pasadas.

- Todos los días que nos reunimos – asiente la rubia extendiéndonos una hirviente taza de café a cada quien. No sabía que el estudio tuviera una pequeña cocina – Pero ya no puedo más. Últimamente me agoto y me irrito de todo, y juro que no tengo la menopausia – reímos.

- Trataremos de ayudarte en todo lo posible en el viaje, no te apures – expresa Mimi sonriendo a través de su taza.

- Puedes dormir tranquila – bromeo con un aire de suficiencia.

- Pues… - levanta las cejas – Que más quisiera. No es por ofenderlas chicas, pero, más que poner orden, me van a distraer a ese cuarteto de testosterona.

- No – digo instantáneamente, con ese tipo de reacciones que sólo me ponen en evidencia – Es decir, no, no te preocupes. Ellos tienen una amplia gama de superestrellas, yo sólo soy una de sus amistades, y estoy segura que mi hermana también lo será.

- ¿Sí? – Pregunta confundida - ¡Creo que estoy demasiado paranoica también! Deberías de observar la forma en la que Georg te mira y estarías de acuerdo conmigo.

Mimi me da un discreto pisotón y pone ese gesto. ``Te lo dije ´´ es lo que su rostro expresa. Le sonrío a mala gana. Ella da un sorbo al café, ostentosa.

- ¿Y para mí no hay un súper café? – reprocha Bill, entrando veloz al lugar. Dunja sonriente, le entrega su porción y le acaricia la mejilla.

- Pero a pesar del malestar que me causan, los amo – repone Dun causando más entusiasmo en Bill.

Después de una breve plática y varias tazas de la bebida, la cocina estaba repleta de gente. David se encargó de presentarnos al resto del Staff, quienes aceptaron cordiales nuestra compañía en el Tour de Autógrafos.

Aclaramos los detalles que me preocupaban. Nos incluyeron como parte del equipo de trabajo, por lo mismo, todos los gastos van pagados. Podemos reunirnos con la banda en su tiempo libre y durante las firmas nosotras exploraremos el país, junto a dos miembros del equipo de seguridad, a insistencia de David y Georg.

Tenemos un mínimo tiempo para prepararnos, el plan es muy apurado. Una semana y nos encontraremos en un bus rodeando una enorme cantidad de lugares. Mimi parece más convencida, noto que se lleva bien con Bill, sin embargo, Tom, creo que no le agrada en lo absoluto ¿Y… porqué el la mira de esa forma? Se ve rígido, apartándose de ella en lo más posible, cómo si apestara. Lo normal sería que pusiera su pose de galán en práctica y comenzara a jugar con la perforación que tiene en el labio; creo que Marabi es exactamente su estilo. Ella sigue siendo cordial, pero le molesta que la mire así. Algo hay ahí.

- Los gemelitos no me creían – dice rodeando mi cadera con su brazo. Me sacó un susto – Les tuve que repetir la historia varias veces para que comenzaran a tragársela.

- Supongo que pensaban que ya me conocían bien – digo tratando de sonar suave – Sacar de pronto que tengo una hermana, no ha de ser fácil de aceptar.

- ¡Claro que no! – Se mofa, sacudiéndome – Yo también pensé que era broma en un principio. Pero tu sabes, cuando la vimos en el taxi, eras tú. Es sorprendente su parecido.

- ¡No! ¡Te causó un trabajo distinguir de quien se trataba mentirosito! – Reclamo con diversión – Echaste un vistazo a tus contactos para relacionar, bobo.

- Dai, si quieres que la historia se escuche mucho más sorprendente, debes de omitir esa parte – alzo la vista y le veo esbozar una sonrisa tan arrebatadora que sólo pudo contemplarla como una tonta.

- Lo dices como si fuera a convertirse en leyenda.

- Es digna para convertirse en una – me pega un poco más a su cuerpo con delicadeza. Los demás conversan con fluidez sentados en los sillones de color azul rey.

- Te agradezco por ayudarme a encontrarla y tomar la situación de una manera apropiada – sonrío, caminando para quedar de frente a él.

- Puedo tomar las cosas en serio, aunque nadie de aquí lo crea – pone un gesto berrinchudo.

- Yo te creo Georg – le digo entre risas, poniendo las manos como barrera a tan ridículas caras - ¡Pero deja de hacer eso! ¡No frunzas los labios!

- Cierto, se me olvidaba que los labios están hechos para hacer cosas más importantes que caras y gestos.

El verde de sus ojos y sus pestañas tan cerca de las mías. Me acaba de robar un beso, uno fugaz y yo apenas puedo darme cuenta.

- ¡Hey pelirrojito! Si quieres besar a mi hermana primero tienes que pedirme permiso – alega ella en un casi grito.

Volteamos la mirada, todos se han quedado atónitos y hay un silencio fulminante ¿Qué no estaban en sus propios asuntos? Siento mi piel transparentarse y mis ojos queriendo salir de sus órbitas.

- ¿Eh? – Exclama él – Claro que lo haría – creo que repondrá esto – Gracias por la advertencia.

- ¿La acaba de besar – dice Bill atónito, más bien para si mismo.
- ¿Qué? ¡No! – Georg ríe melodiosamente - ¿Creen que besaría a alguien en frente de un puñado de burlones? Daiana tenía un pequeño bichito caminando en su mejilla, simplemente me acerqué a quitárselo – Y sí, sonó creíble. No se como logró que excusa tan poco creativa fuera tan convincente.

- ¡Oh! Este mes se me olvidó llamar a fumigación – dice una de las asistentes de Jost, estampando la mano contra la frente, agregándole el toque final.

- Lo ven – digo a forma de reto – Dejen de estar al pendiente de nosotros, buscando algo.

- Pues es que aquel que busca, encuentra ¿no? – dice Tom elaborando lo más cercano a una sonrisa, que se opacó con las risas de los demás. Volvió ese gesto de amargura en él.

- No pensarás que lo negué por cobarde ¿Verdad? – Georg pregunta cuando todos vuelven a lo suyo, aunque Mimi no parece muy convencida – No sabes las ganas que tenía y aún tengo de admitir que te había robado un mínimo beso.

- No… - susurro exaltada ante la idea.

- Exacto – pasa mi cabello detrás de mi oreja – A ti no te hubiera gustado que fuera así.

- Georg, no es eso… - trato de reponer. Es imposible tratar de expresarme con este cóctel de sentimientos que me ataca.

- Esto no es un reclamo – se ríe entre dientes ante la perplejidad de mis palabras – Si es tiempo lo que necesitas, esperaré lo que sea necesario.

- Yo…

- Y sí es algo más – me interrumpe – Lo encontraré.

La lluvia truena afuera haciendo una armónica canción. Él es tan comprensivo que hasta me asusta. Me limito a sonreír. Tiempo, no se sí es eso lo que necesito, no se que necesito. Por ahora sólo requiero que sus brazos me rodeen voluntariamente, pero se que eso no sucederá, por lo menos no mientras todos aquí dentro sigan pendientes de nuestros movimientos de una forma que ellos consideran discreta.

El diluvio se está convirtiendo en niebla ahora que salimos del estudio. La noche está reluciente. Nos despedimos eufóricamente de todos a pesar de que los veremos en una semana, con el inicio del Tour.

Ahora me siento mejor en la seca cabina del auto. Enciendo la calefacción y ahueco mi pelo mojado para que se seque mientras volvemos a casa. El camino es un poco largo. Mimi me sonríe al cerrar la puerta de su lado una vez adentro.

- Siento que tu copiloto estrella te va a fallar esta vez – digo acurrucándome en el asiento y cerrando los ojos lentamente. Esa oscuridad hermosa.

- Ni que sirvieras de mucho – puedo imaginarme la sonrisa burlona en su terso rostro – Para eso existen los GPS.

- Mala – digo, combinando con un bostezo.

- Descansa Constance – voz angelical es la que percibo y un beso en mi frente. Después me podrá reclamar todo lo que quiera. Ahora sólo buscaré lo que necesito en la profundidad de mis sueños.


1 comentário

oreo_effeckt dijo...

*--*

NO creas que ne tarde casi una hora leyendo xD Griselle se me quedaba viendo xD

te amo <3

excelente pero exageradamente corto

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