miércoles, 10 de marzo de 2010

Cap. 34 < Dame Aliento >






[Capítulo anterior: (Bill Kaulitz) - El amor llega cuando menos te lo esperas. Tom pronto… muy pronto te vas a enamorar.)


(Daiana)

- I feel the empty words… - mi voz iba ganando poder conforme la canción abarcaba tiempo - …tonight.

Había terminado mi composición con broche de oro, que se lo brindaba la última nota en un extremo tono agudo. Cerré la carpeta con las palabras escritas y los dibujillos de las notas junto a estas.

- ¡Hermoso! ¡Perfecto! ¡Perfecto! – Celebró agitando su cabello y batiendo palmas.

- Es la única pieza que tengo completa – sonreí apenada. Había tenido el tiempo necesario por lo menos para escribir cinco composiciones, y solo tenía una en la carpeta que se encontraba debajo de mi brazo.

- Bueno, pero… ¡es muy buena! – ahora ella habló saliendo a mi defensiva de una manera oculta.

- Lo es, claro que lo es – tomó un semblante serio, sus falsas pestañas se movieron con rapidez, estaba analizando.

- ¿Y? – pregunté ansiosa.

- Bombones, cometí una pequeñita travesura – se rió con picardía mientras ponía sus manos en la boca y divagaba los ojos por aquella especie de estudio.

Sí, habían pasado un par de días intensos; retomé el trabajo. Durante esos dos días no hubo cupo para mis asuntos, sólo practicar con la ayuda de un piano, repetitivamente. No me disgustaba, en lo absoluto, era algo que me encantaba hacer; pero mi cuerpo exigía un tiempo para mí misma a gritos. Me relajaba con la idea `` sales de aquí y te compras un helado de almendras ´´. Mi gran premio.

- ¿Cuál travesura? – Preguntó Atziri muerta de curiosidad - ¡Taylor! ¿Qué hiciste? ¿Qué? ¡¿Qué?!

- Pues…

- ¡Taylor! – me tocó insistir a mi.

- Deberían tomarse un té chai y con eso tendrían una gran relajación, amargadas – dijo el con un tono más femenino de lo normal y haciendo ademanes con las manos - ¿Ven la computadora que está allá? – Señaló un moderno equipo profesional, asentimos – Ha estado prendida todo este tiempo – un ataque de risa lo invadió y su rostro se volvió más colorado que el propio maquillaje.

- ¡Uy! ¡Malote! – criticó Atziri dándole palmadas en la espalda. Taylor no podía parar su risa – Si te descubren, vas a acabar en la cárcel ¿eh?

- ¡No! – interrumpió. Ahora giraba por el lugar aplaudiendo y pataleando contra el piso – Es que… eso no es todo.

Atz intercambió unas divertidas miradas conmigo, ¿a que se debía la simpleza?

Después de cinco minutos más de imparables risas y tres vasos de agua, Tay se quejaba por unos retortijones en el abdomen y decidió hablar.

- Ok. La computadora ha estado prendida todo este tiempo, quiero decir, te vieron…

- ¿Me vieron? ¿Las computadoras ven? ¡Dato curioso!

- ¡Bah! Déjame hablar – sonrió – Las computadoras no ven; pero las personas detrás de la web cam sí, ellas sí.

Giré, casi por instinto, la mirada hacia el equipo. En la parte superior del monitor, un pequeño foco verde parpadeaba.

- Tenías una cámara web prendida, y yo desconocía el asunto – asentí mirándolo de manera retadora - ¿Sabías que puedo demandarte por eso? Va contra la ley.

- Sí encanto, pero no lo harás – sonrió desafiando mis ojos junto a la mirada penetrante – Eres dulce y angelical como para demandar a una diva como yo – plantó un beso sobre mi frente.

- ¡Por dios Taylor! - reprochó Atz - ¿Quién vio a Dai cantar? ¿Tu novio? – ahora ambas reímos, pero el puso cara de enfado.

- No – enmarcó una ceja con orgullo – Cherry Tree Records.

- ¿Che… Cherry… - tartamudeó ella en respuesta.

Yo temblaba.

- Aha, así es. Así que la próxima vez, no traten de burlarse de mi cuchuchito querido y yo, ¿quedó claro hermosas?

- ¿Cherry Tree…

- …Records? – terminé.

Taylor asintió dándome un gran abrazo. No pudo evitar una sonora carcajada cuando la sangre de mi rostro desapareció dejando una tremenda palidez.

- ¡Linda! Te has puesto como fantasma. Por suerte ya no tienes los moretones aquellos; de lo contrario hasta darías miedo – volvió a reírse. Esta vez Atziri lo acompañó.

Tay se acercó a la computadora y prendió el monitor. Fue ahí donde me vi plasmada en un pequeño recuadro del video llamado. A un lado de la grabación se establecía una conversación, letras, letras y letras. Sentí mis piernas tambalear. Había estado en grandes presentaciones en el pasado, pero esta vez era oficial. Tenía miedo. Miedo a las opiniones, miedo a las críticas, miedo a quedarme sin el futuro que en cierto modo, siempre había soñado.

Los dedos de Taylor desplazándose estruendosamente por las teclas del equipo me hicieron volver de mis pensamientos. Apagó la web cam y jaló un banquito que había cerca; sentó su cuerpo para intercambiar unas palabras con el contacto que me había estado observando, evaluando en realidad. Tay reía a veces, y emitía graciosos sonidos, mientras Atziri y yo forzábamos los ojos para tratar de observar lo posible introducido en aquella conversación, fue inútil.

- Bueno Dai… - se paró perezoso del asiento – tengo noticias.

- ¿Por qué lo hiciste? No estaba preparada lo suficiente.

- Por que…

- Mi voz se escuchaba un poco gangosa ¿no lo creen?

- Pues…

- No tomé bien el aire y me adelanté un poco en la que le correspondía al riff.

- No. Tengo decir que…

- Fui un asco. ¡Nunca había cantado tan mal!

- Daiana no…

- Perdí mi primera y ultima oportunidad, todo por un absurdo video llamado. ¿No odian la tecnología?

- ¡Demonios chica! ¿Siempre eres así de perfeccionista? – soltó en risas a coordinación con Atzi.

- ¡Agh! Disculpen mi paranoia, estoy nerviosa – admití ocultando mi rostro con la bufanda morada que llevaba enredada al cuello.

- Sí. Ten por seguro de que ya nos dimos cuenta – intervino Atz – Ahora deja que la voz profeta hable.

- Gracias – dijo Tay triunfante – Es simple ¿sí? – Dio palmaditas a uno de mis hombros – Les encantó…

- ¿Les encantó? – sentí como mis ojos despedían brillo.

- En realidad se queda corto el término, les fascinó querida – Taylor sonrió y Atziri apretó ansiosa una de mis manos – Tienes un muy amplio registro de tonalidades, fue lo que dijeron. ¡Felicidades! No habían escuchado una voz tan profunda y suave al mismo tiempo desde hace un rato atrás; están hartos de las vocecillas plásticas de la actualidad, pues en realidad, cantantes ya hay pocos, voces editadas muchas… tienes las condiciones para hacerlo Dai, harás lo que te gusta hacer y vivirás de ello, sin mencionar el éxito y el reconocimiento de tu arte. ¡Baby! ¿Acaso no es maravilloso?

- Hablas como si tuvieras visiones al futuro – emití con voz aún seca.

- ¡Daiana! Confía en lo que te dije.

- Trato, trato, pero me es difícil…

- ¿Te es difícil tratar el éxito? – dijo con voz desafiante.

Me quedé callada. Pensé en ello. Tal vez un futuro que prometía un gran reconocimiento me abrumaba. Le temía.

- No será nada malo nena. Te adaptarás… - continuó pestañeando de una manera ridícula.

Quería una vida normal, ya me era suficiente llevar guardaespaldas como para luego aumentar mi seguridad. Pero a pesar de la fama y lo que esta traería, había una presión en el pecho que me detenía para continuar con la propuesta.

- …Vivirás con glamour, bueno con más del que ya tienes – bromeó – pero lo material y la riqueza económica no es lo que importa. Cantar es tu vida ¿me equivoco?

- No, estás en lo correcto – confirmé con lentitud. Era como un `` sí ´´ a aquella oferta y yo caí en cuenta segundos después que las palabras salieron de mi boca.

- Pff… acepta, es la oportunidad de tu vida ¡dhu! – habló Atz con esa indiscreción característica de ella. Examinaba a la vez un montón de telas que se encontraban en una esquina, para sus nuevas creaciones, que en lo posible, acabarían puestas en mi. Me imaginé la escena. Yo en el escenario, mis cuerdas vocales retumbando por el lugar, un vestido confeccionado a la perfección y una oleada de fans siguiéndome por la gira. Me seguía estremeciendo la idea, pero me emocionaba de una forma que no había experimentado antes.

- Es muy sencillo, insisto. Te mandarán una invitación a tu hogar para que los vayas a visitar, ya sabes, Soundcheck. La web cam distorsiona un poco el sonido…

- Sí, ¿qué tal que si se escuchaba mejor por el microfonito de la camara? – cuestioné. Era una teoría absurda, pero un buen pretexto para ser inventado al instante.

- ¡Aha! Un micrófono de una web cam te hizo una voz increíble, pero los micrófonos profesionales con los que allá tendrás que cantar, te delatan. Cantas fatal – rió con sarcasmo – Déjate de tonterías hermosa – sonrió con ternura, como si tuviera una chiquilla enfrente de sus ojos… pues así lo era. Apenas una pequeña nena confundida estaba frente a las pupilas de Taylor y Atziri.

.   .   .   .   .   .

- Usted tiene 2 mensajes de voz nuevos…

La contestadota automática canturreaba en la acústica de la casa. El regreso no había tenido tránsito de por medio. La oscuridad traspasaba el ventanal, había estado el día entero con el par que estaba dispuesto a sacarme del anonimato.

- Primer mensaje. 14:23 horas… - la voz robotizada cambió en una más chillante – Hola, soy yo… eh… llámame pronto ¿si?

- `` Soy yo ´´ - repetí las palabras recostándome a la vez en el sillón – Coherente, identifico muy bien al tal `` yo ´´. Buen amigo – dije con ironía.

- Segundo mensaje. 16:36 horas… - volvió a enfatizar la vocecilla artificial del aparato. Una repentina reacción me indicó en poner más atención al siguiente mensaje – Hola… - fue cuando mi palpitación se volvió irregular – Hola – repitió – pensé que estarías en casa. Has dejado el espíritu hogareño ¿verdad pequeña? ¡Ja! De que estoy hablando, si hace décadas lo dejaste, sí décadas. – una terrible nostalgia partió mi corazón en dos, o en tres si no es que en cuatro - Volveré a marcar cuando tu alma fiestera haya regresado a la normalidad. Espero que eso sea pronto o estarás en graves problemas Daiana Constanza….

Las últimas palabras las dijo con una ternura inolvidable. Mi sangre retumbaba al ritmo del corazón a través de las venas.

Cuanto tiempo sin escuchar la tonada angelical de su voz, la que ella siempre negó. Cuanto tiempo sin escuchar sus regaños, sus divertidos celos, sus consejos.

Habían pasado años así. Eran pocas las veces en las que teníamos contacto de este tipo, y para nuestra mala suerte nunca coincidíamos. Años que se habían convertido por lo menos en una década, que simulaba muy bien el puesto de siglo.

Le temía a la soledad y estaba sumergida en ella. Vivía entre sus terribles brazos que arañaban mi mente.

Desperada hurgué entre los números telefónicos de la sección de contactos de mi celular hasta que me topé con el indicado. Fue la invitación que dio lugar a las palabras de bienvenida al abrir la puerta.

- Gracias por venir – susurré con los ojos cristalinos.

- No agradezcas linda. Es una orden que llames cada vez que lo necesites… ¿sí? – su mano se asentó en la parte más baja de mi espalda y me aplastó contra su cuerpo, obligándome a arquearme contra el. Sumergí mi cara entre su cabello.

- Ok – contra su pecho, donde él no podía verme, mis lágrimas brotaron y se derramaron por mis mejillas. Eran tan sólo mínimos cristalitos líquidos, pero que me quemaban los párpados.

- Estás llorando – aseguró, supongo cuando sintió la humedad de mi llanto calmado traspasar su camiseta. Levantó mi barbilla con un pulgar, obligándome a toparme con sus ojos verdes – No sabía lo hermosa que te veías llorando - Sonreí levantando débilmente las comisuras de mis labios.

- Georg – me quejé como niña pequeña y después volví a enredar mis brazos en su espalda.

- Vamonos – dijo entre una risa armoniosa – Te propongo algo. Comida, música, bromas, idiotas en proceso de crecimiento… eso me incluye, y…. comida aunque ya lo haya dicho. ¿Qué tal?

- Sí – asentí entre un hipido. Se apartó unos pasos y me observó.

- Quiero una cara feliz – reclamó forzando una sonrisa en mi rostro con sus dedos - ¡Mucho mejor! – celebró cuando logró una fingida sonrisa. Apartó sus manos y mis labios se dejaron caer - ¡Dai arruinaste mi obra de arte!

- ¿Tu obra de arte?

- El título era `` La sonrisa más hermosa ´´. Poco original, pero perfecto – disminuyo la incómoda distancia entre nosotros y me plantó un fugaz beso en los labios que me cayó de sorpresa – No te hace bien estar aquí… ¡Corre!

Tiró de mi brazo y sus pies se movieron en velocidad relámpago. Alcancé a tomar mi bolso que estaba en el respaldo de una de las sillas del comedor y mi abrigo cayó al piso en el intento. Me dejé guiar por sus pies que parecía que ni siquiera tocaban el suelo. No me iba a caer, pues a pesar de la velocidad, mi muñeca estaba apisonada con firmeza en su puño. Bajamos las escaleras como dementes, uno que otro escalón lo salté, pero nunca caí al piso. El portero nos observó con su amargado rostro al igual que los vecinos con los que nos cruzamos. Dejé la aflicción que nos brindaban para que le hicieran compañía a mi soledad.

Tenía compañía… la mejor que puede haber pedido. Cruzamos el lobby a toda velocidad, mi bolso arrastraba el piso conforme yo arrastraba el uso de mi razón.

- Dame aliento – murmullé con los ojos cerrados cuando sentí una pausa.

¿En que momento me senté en el asiento copiloto de su coche?



2 comentarios

oreo_effeckt dijo...

al fin!
dios mio!
quien es esa de la voz de pito que te hablo eh? xD!!

Me debes chorrocientos mil capis, así que publicarás doble por tres meses :L



te amo

Anónimo dijo...

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