jueves, 25 de febrero de 2010

Cap. 33 < Memorando con fuego >





[Capítulo anterior: Yo la había elegido. Yo había elegido toda una experiencia en un lugar desconocido de Alemania. Yo había elegido hot cakes y cóctel de frutas para el desayuno. Yo lo había elegido a él.]


(Gemelos Kaulitz)

- Pero querías venir al Mc Donalds – se quejó Bill haciendo girar los ojos - ¿De que sirve un lugar de hamburguesas siendo vegetarianos?

- Ten imaginación Bill, les podemos quitar la carne – dijo Tom con modestia mientras entraban al lugar, acompañados de dos guardias y gorras que ocultaban un poco más allá de sus frentes.

- ¡Oh Tom eres un genio! ¿Cómo no se me ocurrió antes? – Se mofó el pequeño – Claro, nos quedarán unos deliciosos panes con lechuga y dos pálidas rebanadas de tomates ¡Yumi!

- Idiota – respondió el otro mientras se formaban en la fila para ordenar menús – Entonces trágate un puñado de papas.

- Sólo porque adoro las papas de aquí, ignoraré lo que acabas de decir.

- ¡Aham! – Tom expresó con un molesto tono de sarcasmo; todo era en broma, o por lo menos este gemelo así lo pensaba.

- Déjame en paz – contraatacó Bill, lo cual desorbitó a su hermano por completo, no era un tono agradable. ¿Acaso ya no era diversión? No, ya no lo era – Yo, lo siento – repuso segundos después.

- No hay cuidado, tú… ¿estás bien?

- Sí, no es nada – el delgado regaló una esplendorosa sonrisa que le hizo un gran favor a sus palabras – Ya sabes, me estreso con toda la presión de Jost.

- ¡Hermanito! Las chicas siempre babearán por nosotros – Tom pasó un brazo sobre los hombros de Bill, después guiñó un ojo – Trabajemos o no, siempre lo harán – agregó.

- Con esa posición de patanes… – lo apartó con ambas manos de su cuerpo – llego a dudar.

- ¿Qué insinúas? – Preguntó Tom divertido mientras le daba a su hermano con el puño cerrado en el mentón – Eso te lo merecías.

- Tal vez – Bill se sobaba el golpe entre risas – Pero a los patanes les toca más duro… - su puño paró en el pecho de Tom, se escuchó un golpe en seco. Mientras sus dos guardaespaldas hacían lo posible para tapar el `` show ´´ con sus inmensos cuerpos. Ya era suficiente cargar con dos superestrellas como para que se remontaran en sus épocas de infantes a mitad de un lugar de comida rápida.

Un poco más tarde, cuando el inicio de la fila ahora eran ellos dos, ordenaron una gran ración de alimentos y volvieron a una mesa desocupada con dos charolas atascadas de colores y aromas.

- Ensalada…

- Otra vez.

Rieron. Para ese par no había cosa mejor que pasarla entre familia y amigos, eso era todo, ni más ni menos.

- Tommy… - dijo Bill, aún no tocaba su comida y permanecía viendo la infinidad en la amena terraza del lugar.

- ¿Qué? – respondió con un gran bocado en la boca que dejaba apreciar una combinación extensa de aderezos.

- ¿Crees que soy sensible? – Su cabello bailaba al ritmo del viento – Es decir, lo soy… pero ¿soy desmesuradamente sensible?

- Pues… - Tom tragó su enorme bocado y siguió – Yo creo que como todos, tienes tus momentos.

- Mis momentos – asintió Bill reflexionando aquella frase - ¿Mis momentos? – luego preguntó al no encontrar sentido alguno.

- Sí, sí – los dedos del otro jugaban con una papa frita – Eres sensible, y eso ambos lo sabemos, pero no tiene nada de malo ¿o sí? ¿¡Sin ti de donde tomaríamos tanta inspiración para componer canciones!?

- Me gustaría que eso no se involucrara con mi vida social – su mirada seguía perdida en el horizonte. En realidad eso lo pensaba, y se le escapó en voz alta.

- ¿Vida social? No te entiendo.

- Quizá me tomo las cosas muy a pecho.

- ¿Me perdí en alguna parte de alguna conversación o algo similar? No te entiendo Bill.

- ¿Soy muy sensible Tom? – volvió a preguntar ahora intercambiando la mirada Kaulitz, esta se empañaba con ligereza y dentro de ella un espectro gritaba desolado pidiendo ayuda. Estaba solo, y lo había estado desde que el tenía memoria. Quería dejar toda la mierda atrás y sonreír día y noche pronunciando un nombre. Se introdujo en los recuerdos del día pasado a ese, tenía que desahogarse, su hermano era la mejor persona para sentirse escuchado…


- ¿Este es tu departamento? – preguntó Bill dentro del auto que acababa de perder velocidad.

- Mi edificio en realidad – sonrió ella con orgullo al apreciar más a detalle lo que había sido capaz de conseguir – Mi departamento me hace sonreír aún más.

- Es hermoso Elisa…

- Lisa. Me puedes decir Lisa – sonrió.

Dentro de ella, se producía una revolución al escuchar de sus propios labios, su propio sobrenombre. Ni siquiera las personas más cercanas se atrevían a volver a llamarla así, pero Bill lo diría, y eso en vez de alterarla, le causaba calma.

- ¡Lisa! Perfecto – apremió el chico.

- Sí, tiene una larga historia ese diminutivo – lanzó una mirada coqueta – Pero ocuparé este tiempo para contarte otro largo relato.

- Soy todo oídos – sonrió Bill relajando sus manos del volante – Me gusta oír tu voz.

- Gracias – contestó ella entre una tímida risita, sus mirada tintineó en simetría a la de él – Bueno… yo eh… ¿cómo comenzar?

- Eh, sólo dilo – sus manos se entrelazaron con miedo, ambos estaban nerviosos y ninguno sabía la razón exacta - ¿Estás cómoda? ¿Quieres un trago de agua? ¿No tienes frío?

- Sí, no y… un poco – rió Elisa sintiéndose torpe.

- Está helando allá afuera – observaron a través de los vidrios del vehículo – ¡Demonios! Te daría mi chamarra si tuviera una encima – Bill observaba como los dientes de Els comenzaban a castañear. Con tal de `` matar el frío ´´ sus cuerpos se enlazaron en un tibio y dulce abrazo.

- Pri… - dudó – Princesa, ibas a contarme algo.

Ella no reunía fuerzas suficientes como para hacerlo.

- Bill… - suspiró – Te he mentido todo el tiempo, y yo no puedo más con esto. Yo, pues, te lo diré de una vez para que todo sea más rápido, mientras menos dure, mejor – hizo una prolongada pausa, era el momento de hacerlo – Peter, seguro lo recuerdas; no es mi amigo, nunca lo ha sido…

Bill saltó en su propio asiento, la sangre le comenzaría a hervir.

- No tienes de que preocuparte Bill, Peter no sería capaz de hacerme algo, no me lastimaría, por que no lo conozco. Ni siquiera estoy segura de que se llame Peter, es un completo desconocido. Sí, me lo encontré esa noche, ahí mismo. No lo conozco…

- ¿Por qué me lo escondiste de esa manera? – Interrumpió Bill - ¿Era un tipo de necesidad?

- Nada de eso, ni siquiera se por que lo hice. A veces mi conciente no conecta muy bien con mi inconciente – Elisa sonrió tratando de destensar el momento – Lo vi esa noche, coqueteamos, y dejé que mis hormonas…

- ¿…le ganaran a tus neuronas? – terminó él. Se produjo un silencio de suspenso. Elisa no estaba a mucho de salir del auto ofendida, aunque por dentro no sabía si ella era la que tenía que molestarse o estaba cambiando de papeles.

- Gracias por traerme – dijo con su aguda voz, ahora irritada. Desabrochó su cinturón de seguridad con velocidad y comenzó a tomar sus cosas con mucha fuerza. Bill rompió en risas - ¿Qué? – preguntó ahora desubicada.

- ¿Sabías que te vez muy bonita así de enojada?

- ah… ¿sí? – respondió esta fingiendo una indiferencia que ni ella misma se creía.

- ¡Claro! – respondió Bill entusiasta y le plantó un beso en la mejilla a la chica que lo volvía loco de una forma buena y mala también.

Bill, el no estaba feliz. No lo hacía feliz imaginarla con Peter, o como quiera que se llamara aquel hombre que degustó los labios de Elisa y partes de su cuerpo por igual, pero adentro, no muy dentro de el, alababa la sinceridad de la chica para decir lo que la hacía culpar.

- Bill… - Elisa sentía que a pesar de la sonrisa de él, algo terminaría mal – ¿Me perdonas?

- ¡Oh! No tengo nada que perdonar – jugó con el perfil del volante, a la vez que su voz salía tenue y clara – No somos maridos, somos… amigos. ¿Por qué habría de enfadarme?

- ¿Amigos?

- Eh… sí – levantó los hombros mientras sonreía.

- Sí, amigos – confirmó Elisa con timidez. Por dentro se decepcionaba, pues por sus actos esa palabra `` amigos ´´ se alejaba de la frase `` algo más ´´. Ella quería eso, quería algo más.

- Lisa, ¿quieres que te acompañe a la entrada? – Bill rompió temeroso el silencio, pues habían pasado alrededor de quince minutos en un silencio incómodo, del cual Elisa apenas había caído en cuenta, se perdió con la palabra referente a la amistad.

- ¡Perdón! No gracias, no te molestes – sonrió apenada mientras los seguros de las puertas se desactivaban – ¡Bye!

- Adiós linda, cuídate – se abrazaron con una frialdad terrible. Elisa nunca había sido muy dada a las despedidas ni a los saludos – Nos veremos luego.

Ella limitó a asentir una vez con la cabeza y partió hacia las puertas de cristal del edificio. Bill apreció su silueta conforme a sus pasos, no de la forma que su gemelo Tom lo haría, era más bien con… añoranza. Ya la comenzaba a extrañar.

- ¡Joder! – gritó en la absurda soledad de su coche. Hecho un vistazo al retrovisor y observó a los de seguridad desde la otra camioneta haciéndole señas para comenzar a avanzar, hora de irse, hora de dormir, hora de olvidar.



- Bueno… - comentó Tom una vez que entendió dado por terminado el relato – Poniéndome en tus zapatos, yo apreciaría mucho su sinceridad.

- Y lo hago ¡Lo hago!

- Lo hecho está hecho, no se puede regresar el tiempo, aunque algún día existirá una máquina que lo haga. Pero estamos en el 2014, así que vive el 2014. No te preocupes tanto, sólo te causarás una colitis, gastritis, o algo que acabe con `` itis ´´ - sonrió Tom jugando con los recipientes ya vacíos de la comida, después, a disposición de su hermano, comenzó la segunda ronda de ensalada dejando a Bill con el estómago vacío.

El comelón no era precisamente muy bueno dando consejos, pero Bill estaba más que seguro de que era el mejor para escuchar, no había conocido a nadie mejor. Nadie que lo comprendiera de la misma manera, estaba seguro de que se debía a su conexión gemela. Simplemente bastaba unos minutos de la boca del delgado y otros del oído del bronceado para obtener la combinación perfecta de calma y reflexión.

- Pero, no lo imaginé de ella, creo que eso es todo.

- Te decepcionó.

- No.

- Sí.

- Tal vez, pero creo que la franqueza es la pomada que cura las heridas.

- Hermanito, guíate en eso – Tom se recargó lo más atrás que pudo de la silla y palmeó su estomago junto a una cara de arrepentimiento – No vuelvo a comer dos combos grandes escuchando una historia estresante.

- ¿Te compro un helado? ¿Una malteada? – Bromeó Bill señalando el letrero de postres al fondo – Un sundae de chocolate con jarabe extra ¿Qué tal?

- ¡No molestes Bill! – dijo Tom poniendo sus manos sobre su boca e inflando los cachetes.

- Tú recompensa por tragón.

- Cállate huesitos. Eres una calavera preocupada andante.

- Mejor que un creído glotón en busca de `` acción ´´

- Te estás ganando una paliza – rió Tom - ¡Ah no! Es imposible pegarle a un palo.

- Le diré a mamá al respecto.

- ¡Ay! Que ternura. `` Bill Kaulitz acusa a su hermano con su madre Simone ´´ - anunció el gemelo como si se tratara de un titular de revista.

- Así es – contestó el otro sonriendo con la vista distraída en el celular que acababa de sacar de su bolsillo – Veamos. Mhm… Contactos ¡Bien! – señaló los pasos que seguía en su móvil – Ma… ¿Maddie? ¡No! – Hizo un silencio - ¡Mamá! ¡Aquí está!

- Uh… ehm… - Tom se retorcía en su asiento, nervioso - ¡Guarda eso!

- ¡Sabía que no te aguantarías al poder de mamá! – contestó el otro entre carcajadas. Tom lo miró molesto, he incluso los chicos de seguridad ubicados en otra mesa rompieron en risas.

- Ya cállense todos – terminó el molesto contagiado por la risa.

- Imposible, tengo un hermano gallina.

- Y yo tengo un hermano al cual no quiero volver a ver con cara larga.


.  .  .   .  .   .


- ¡Tom! – gritó Bill al pie de la escalera. Comenzaba a anochecer.

- Dime – respondió el otro mientras escuchaba los pasos subir por los escalones. Se encontraba reposando encima de su cama con la televisión prendida.

- Llamaron Hagen y Gustav, nos invitan a tomar unos tragos – dijo Bill con la respiración agitada cuando estuvo en el marco de la puerta del desordenado cuarto de su hermano - ¡Uh! Mejor deberías de quedarte a recoger aquí.

- Lo haré – dijo desinteresado – Pero no recogeré, que quede claro, eso lo haces tu.

- ¡Hasta crees! – Alzó las cejas – Vamonos ya, nos esperan.

- Es en serio, lo haré, me quedaré aquí.

- No tienes que recoger – Bill giró los ojos – Ven, pongamos a Georg ebrio.

- Me quedaré aquí, no tengo ánimos de ir – Bill regresó de la media escalera que ya había abarcado al escuchar las palabras de su medio.

- Pasa algo – dijo mientras caminaba lentamente hacia la cama, se tumbó en ella junto a Tom.

- No.

- Eso no era una pregunta, algo ocurre, lo puedo sentir.

- Bill, ve a divertirte, combina tequila y whisky, dale la combinación a Listing cuando sus supuestos `` cinco sentidos ´´ se reduzcan a ninguno.

- No lo haré – contestó serio – Me quedaré a escucharte.

- ¿Para qué? Aprovecha el alcohol.

- Tu estuviste ahí cundo lo requerí, ahora yo estaré aquí cuando lo necesites, siempre.

- ¡Ya vete! Se te hará tarde.

- Thomas, no esquives el tema.

Pasó un minuto en el que el único ruido de la habitación era el eco de las voces de la televisión rebotando con las paredes.

- Es muy largo – soltó Tom.

- Tengo el tiempo de todo un año o mucho más.

- Se trata de Atziri – dijo en voz cortada.

- ¿Qué pasa con ella? – Bill parecía muy interesado en la situación, en un sentido protector - ¿Se resiste a tus encantos? – agregó en broma.

- Así es – suspiró – Tal vez por eso me despierta interés, ¿por qué no le intereso? ¡Irónico! Comprendo la actitud de `` mujer difícil ´´ pero no la de `` mujer imposible ´´.

- Esa línea es muy delicada, las chicas deben aprender a equilibrarla y nosotros…

- nosotros los machos…

- ¿eh? Aha, los `` machos ´´ debemos de aprender a interpretarla.

- Pensé que esta vez había encontrado a la chica indicada, y yo podría madurar un poco más.

- Sin embargo no lo haz hecho – dijo Bill en ese tono tan suyo - ¡No tienes por que angustiarte! No has madurado ¿Quién te está obligando a hacerlo? Si yo lo menciono, es simplemente por que no quiero que lastimes a los miles de ojitos emocionados que te siguen por las calles en una noche, pues aparte de ellas, te lastimas a ti, generas tu propia soledad.

- ¿Cavo mi propia tumba?

- Sí algo así, sin tanto dramatismo. Razona, diviértete, sólo no lastimes. No son objetos, son humanos. Muchas de ellas maravillosas. Atziri es una gran chica; no te preocupes si es de las pocas que se resisten a tu `` sensualidad ´´ - Bill hizo una mueca graciosa – Aprende a entenderla, no te rindas porque no te da las cosas de una manera fácil, ve a su ritmo. Conócela.

- Bill, quiero alguien a mi lado, y no lo digo por urgencia. Necesito ese complemento. Yo quiero… enamorarme.

- El amor llega cuando menos te lo esperas. Tom pronto… muy pronto te vas a enamorar

1 comentário

oreo_effeckt dijo...

ya quiero que sea domingo....

*---*


Te amo
<3


y me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me encanto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me fascino me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me enamoro me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto te amo me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto me gusto

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