domingo, 20 de septiembre de 2009

Cap. 8 < Tanto tiempo... ¿Perdido? >

Buenas tardes tardes ^^ haha disculpen por haberme tardado un rato en publicar, se me hizo tarde, pero el octavo capítulo de este Fan Fiction ya está on-line :) disfrúten. crítiquen. comenten y si quieren reclámenme haha Besos tokio-hotelisados!


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. . . . . .

- ¿Acaso tienes el valor de entrar ahí? – preguntó Elisa refiriéndose a la oficina principal mientras se balanceaba sobre las puntas de sus zapatos.

- Temo que no me queda de otra – respondí dándole un frío sorbo a la botella de agua.
Nos encontrábamos en la oficina ya, una petición de Stephenie. A pesar de tener buena intuición, esta vez no tenía idea de que se aproximaba. El rumor del noviazgo entre Georg y yo afectaba no sólo mi reputación, si no la de la revista también. Quise suponer que era un mal sueño, una pesadilla, pero después que le pedí a mi amiga que pellizcara mi brazo, me di cuenta que estaba equivocada.

- ¿Daiana? – salió Monique, la asistente de Stephenie, desde la oficina principal.

- ¿Sí? – cuestioné acomodándome de una manera decente en el sillón de espera.

- Eh… pues, lógicamente sabrás que Steph quiere hablar contigo –

- Así es Monique, me lo supuse – dije torciendo los ojos un poco, pues era más obvio que nada el hecho ¿no?

- Bien; ahora está probando algunos maquillistas para la edición de la quincena, pero… después de ello, te toca a ti - Monique torció sus finos labios en gesto de angustia.

- Te toca ir al paredón – dijo Elisa cuando las pisadas de Monique se oyeron a lo lejos, después, prendió un cigarrillo.

- No hace falta que me lo comuniques –

- Perdón… ¿Me acompañas a echarme a perder los pulmones? – me enjaretó la cajetilla de cigarros y dio una leve sonrisa de apoyo, un cuanto hipócrita.

- Lo que menos me importa en estos momentos es el cáncer de pulmón – le devolví la caja cuando ya tenía una unidad de su contenido en mi mano – Trae acá – dije para que acercara el encendedor.
- Oh… ¡Diablos! – Exclamó ella mientras sacaba el humo con delicadeza - ¿Cómo fuimos tan inconcientes? Les coqueteamos esa noche aún sabiendo que podríamos traer problemas –

- Yea – golpeé la punta del cigarro contra el cenicero – Imposible resistirse ¿No es así? –

- Ja, imposible, tú lo has dicho. Aún así no valió la pena… no ha vuelto a llamar, ese Billy no ha marcado –

- Ya lo hará, se paciente y tendrás la recompensa – suspiré – Pff… el mió es caso perdido. Estoy apunto de entrar a la oficina principal, alias el infierno ¿Todo para qué? Para no saber nada de él, como fui tan tonta –

- Nena… - Elisa me miró con compasión.

- No importa – sonreí sin más remedio – Está bien; ya sabes la ``suerte ´´ que traigo con los hombres -

- Pero que pasa por tu cabeza, Daiana, no todas tus relaciones han sido malas, un par sí, pero has tenido historias como de hadas y príncipes –

- ¿Ah sí? ¿Cómo cual? – apagué el cigarro contra el cenicero y observe el ultimo suspiro de humo que este desprendió.

- Danny Rowman – Elisa dijo el nombre con naturalidad.
Me quedé en seco; ciertamente no había sido una relación tan mala, pero todo había sido mentira, un caza-corazones.

- Elisa, esa ya es otra historia – traté de acabar con el tema. Me extrañé ya que Atziri era la que normalmente trataba de iniciar una conversación sobre los hermanos, pero nunca… Elisa.

- Dai, las cosas como son ¿Por qué siempre evades el tema? No puedes escuchar el nombre de los Rowman por que se genera el Apocalipsis –

- Elisa, creí que teníamos un trato; nunca nombrarlos otra vez, tratar de eliminar todos sus recuerdos – sentí un enojo desde los intestinos – Elisa no solo fue William… Jacob y Danny también nos lastimaron –

Se quedó callada con la mirada en un punto mientras dejaba que su cigarrillo se consumiera. Todo ya era un complot, y para colmo… la perfecta voz de Stephenie se escuchó desde la oficina principal aclamando mi nombre.

- Daiana Constanza – no preguntó, ordenó mi precensia.

- Buenos días Stephenie – aclaré la voz al entrar a la habitación alfombrada. Steph lucía elegante y soberbia como siempre; un coqueto traje azul marino destilaba su figura, y la falda corta de este hacían lucir aquellas piernas kilométricas.

- Toma asiento – señaló la silla que se encontraba en frente del escritorio; yo, obedecí.

- Bonito collar – le dije con amabilidad para calmar el ambiente.

- Daiana tú yo sabemos que no te he llamado para hacernos elogios –

- Lo siento – carraspeé un poco la garganta.

- Uff… ¿Por qué lo has hecho Daiana? – apoyó su frente en las palmas de sus manos, despeinando el lacio flequillo que adornaba su rostro.

- Stephenie, no establezco ningún tipo de relación con el bajista de Tokio Hotel – adopté una postura más seria.

- ¡Eso lo se! ¡Hasta los paparazzis lo saben! Sólo inventan el chisme para causar cotilleo, Daiana no me importa si te acuestas con Georg Listing, con Orlando Bloom o con Leonardo Di Caprio… -

- No me acosté con él – interrumpí con el absurdo intento de aclarar las cosas.

- Lo que quiero decir es que esas portadas y notas con tu nombre y el nombre de tu supuesto cupido, harán que esta revista tiré más de cinco millones de dólares al cesto de basura –

- Estoy conciente de ello… - recapacité.

- ¡¿ENTONCES POR QUE DEMONIOS LE ZORREASTE A GEORG LISTING?! – puedo jurar que la voz de Stephenie se escuchó hasta la recepción del edificio.

- Stephenie, no por el hecho de ser mi jefa, tienes derecho a hablarme así –

- ¡Dios! ¡Uy! Perdóname defensora de los derechos humanos – levantó sus manos burlándose.

Quedé muda en mi lugar, y mi jefa lo hizo también…

- Dai – rompió el silencio – Perdón; estoy nerviosa sólo es eso –
- Está bien – acepté.

- Daiana, tú eres una de mis mejores escritoras aquí - puso una mano en mi hombro.

- Gracias – sonreí de una forma cálida. El cumplido me cayó como anillo al dedo después de tanta tención.

- Pero, conoces muy bien las políticas de la empresa –

- Regla número 67: Ningún tipo de contacto fuera de los aspectos de trabajo con personas que se vean involucradas en el mundo artístico – dijimos las dos a unísono.

- Mujer, sabes que esas políticas las he seguido al pie y letra desde que ``Intense Magazine ´´ se formó – acomodó el lapicero que se encontraba en la mesa de trabajo.

- Sí – limité a contestar.

- Aparte tenemos a más de mil fanáticas esperando afuera del edificio con la intención de asesinarte –

- Sí – repetí la respuesta.

- Y, el peor caso de todos; no sólo por mi voluntad tengo que tomar una decisión, a hablado David Jost, el representante de Tokio Hotel –

- Mhm – deslicé las manos por mi nuca. Todo iba empeorando.

- Tuvimos que tomar una desición Daiana –

- Vamos Steph, no agregues más misterio al asunto, sólo dime –

- Daiana, estás despedida –

Eran las palabras que me imaginé desde que entré a la habitación alfombrada con olor a café colombiano. Sabía que escucharía esa frase, tarde o temprano.
La palabras que describieran la situación en aquellos momentos sería: miedo, soledad, preocupación; agregando un rumor muy fuerte encima y más de veinte mil fanáticas odiándome.

- Era todo lo que vine a escuchar Steph, gracias por la oportunidad – sonreí y fui correspondida.
Salí de la habitación; todos en la oficina trataban de acercarse a mi, para decirme todas las sartas de cosas que opinaban sobre mi precensia o simplemente despedirse. Me sentía dentro del mar, en un lugar profundo, ahogándome poco a poco, con desesperación de salir a la superficie.
Después de algunos pasos, topé con aquella puerta que pronto se convertiría en un recuerdo nostálgico, la puerta de nuestra oficina.

- ¡Daianis! – Elisa se paró de su asiento y con velocidad se abalanzó sobre mí al abrir la puerta.
Después de aquel lindo abrazo comencé a recoger las cosas de mi escritorio.

- ¿Qué? ¿Qué demonios haces? – Elisa sostuvo mi mano con fuerza.

- Empacando –

- Dime que no es cierto, dime que es una broma – sus ojos empezaron a tomar brillo y a empañarse.

- Ojala fuera una broma nena – suspire y seguí con mi tarea.

- Nnn… nnn… NO – soltó con dificultad acompañada por un río de lágrimas. La jalé con velocidad para hundirla en mis brazos. Lloramos juntas, y después de estar una hora calmándonos, acabé de meter mis cosas en una caja.

- Pero… ¿Cómo los paparazzis te han capturado a ti, y a Atziri y a mi no? – dudó.

- No lo se nena, no te lo preguntes, sólo te causarás más confusión; me alegra que el chisme solo se aya enfocado en mi y no las a involucrado a ustedes –

- Yo no puedo trabajar sin ti Daiana –

- Sí sí puedes – sostuve su cabeza en mis manos – Eres muy inteligente Elisa –

- No puedo, renunciaré –

- Eso nunca va a pasar ¿Sí? – la regañé – Ya hablaremos de eso después, deja de ser necia amorcito y disfruta los últimos momentos en la oficina juntas –

- Ay, por eso te amo – nos abrazamos un buen rato hasta que Monique nos interrumpió y me hizo saber que había llamado David Jost de nuevo, quería reunirse conmigo para acabar con el rumor.
Anoté la dirección y dejé a mi amiga en la, ahora fría y sola, oficina.

. . . . . .

- Gracias – le dije al taxista cuando llegué a mi destino. Al bajar del auto vi aquella casa que tenía un toque muy hogareño para ser un estudio de grabación.

- Aquí voy – dije el pensamiento en voz alta. Apliqué gloss en mis labios y acomodé mi cabello como pude. Mis pasos se escuchaban temerosos cada vez más cercanos al estudio. En pocos segundos me encontraba enfrente de la puerta principal, toqué el timbre arrepintiéndome a la vez.

- ¿Diga? – una voz masculina y grave contestó.

- Eh, Daiana Constanza Ruzzo – mis manos comenzaron a temblar de una manera impresionante – David Jost me a citado –

- Oh sí, un momento por favor – el interpón colgó y escuché pasos pesados en algo que se escuchaba como una escalera; sin previo aviso la puerta se abrió noqueándome con el aire que esta misma produjo…



2 comentarios

zeeeL dijo...

nooo >3

Daiana!! ...... porque se fue de mi lado? TE FUISTE

te amo corazoncito

oreo_effeckt dijo...

muerooooooooooooooooo, que buen capi!!!

ay si, mueroo de nuevoo XD

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