domingo, 15 de noviembre de 2009

Cap. 19 < En la sombra del día >








[Capítulo anterior: Saqué una botella y me senté en el minibar, encendí un cigarro. Los secos tragos de ron y las áridas bocanadas de humo me impulsaron a seguir adelante sobre un camino que por poco abandono para, como de costumbre, hacer trizas los endebles hilos de mis alas.]


- ¿Todo en orden por allá? – preguntó desde el otro lado del teléfono.

- Todo en orden – respondí con amabilidad, mintiendo a la vez.

- Poco a poco, hombres altos con cara de matones invadirán tu departamento, pero es para tu bien; los fans ya han investigado sobre ti, y para ser sincero, no eres muy de su agrado – la voz de David Jost trató de sonar divertida, pero estoy segura de que la situación no le dejó de preocupar.

- Esta bien, puedo acostumbrarme David, no hay problema alguno – dije amena.

- Perfecto, si algo te incomoda o existen dificultades, házmelo saber – me imaginé su amable y protectora actitud – Por cierto… - interrumpió curioso - ¿Has visto a los chicos últimamente? -

- Eh…

- Oh disculpa, pude haber sonado chismoso, es sólo que no los he contactado y tengo varias ideas en mente, pues después del último álbum su ausencia en el mundo artístico esta causando una gran inquietud – repuso su pregunta para no sonar entro metedor. No supe que contestar, no quería dar explicaciones de la noche anterior, ni siquiera se me apetecía recordar.

- No, no los he visto desde la ultima vez en el estudio ¿recuerdas? – mentí.

- Sí, me acuerdo bien, aunque la reunión aquella no fue de mucho provecho, si nos volvemos a reunir prometo no sacar ni una gota de alcohol más ja – dijo con humor.

- Dale.

- Bueno Daiana, tengo que contactar a los chicos, sus vacaciones ya han durado aproximadamente como cinco años o más, es hora de ponerlos a trabajar, ¡bola de flojos! – rió y lo acompañé – Lo vuelvo a repetir, si algo se sale de control, llámame, creo que te he tomado un cariño especial y no dejaría que algún fan desatado te hiciera daño –

- Jost, gracias, tu cariño es igualmente correspondido, estamos en contacto; ba-bye – apreté el botón rojo del teléfono inalámbrico.

No era tarde aún, en realidad ni siquiera pude pegar los párpados en toda la noche. Sólo puedo definir los sucesos de una manera drástica: Un pleito, Un intento de suicidio, Una reconciliación, Un sueño profundo, Unas visitas inesperadas, Un extremo nerviosismo y Un abandono fatal.

Pensándolo a fondo, Georg no tenía una causa fija por la cual molestarse de tal forma. No era nada mío. No era mi novio, ni siquiera estaba segura de que fuera mi amigo. Tal vez entre él y yo sólo existieron aquellas pequeñas aventurillas de besuqueos y demás, pero he ahí el límite. Sobre él no sabía mucho, es más, sólo tenía una mínima idea de quien era. Me agradaba su música, el ambiente que lo rodea, pero ese no es el asunto, no tenía la más mínima remota idea de quien diablos es Georg Listing, y por lo visto, el tampoco sabía nada de mi, ni se notaba interesado en averiguarlo.

Comenzaba a extrañar mi vieja vida…



- ¡Constantine! ¿Dónde has dejado mi bolso? – preguntaba ella, desesperada hurgando entre uno de mis cajones.

- ¡Hey! Te he dicho que no metas manos entre MIS cosas – corrí hacía ella con nerviosismo y jaloné de sus brazos para intentar apartarla.

- Oye, compartimos recámara por si lo recuerdas, y también compartimos nuestras cosas, pero hazme el favor de darme mi bolso Chanel y todo será feliz para ti – decía divertida mientras batallábamos por el cajón.

- ¡No! Deja ahí y te lo doy – me encontraba sumamente nerviosa, en aquel cuarto en donde el rosa era el color predominante.

- Iré a la opera en diez minutos ¡Quiero mi bolso ya! De no ser así me perderé del espectáculo – hecho su cabello para atrás, su hermosa cabellera. A pesar de ser de la misma sangre, no teníamos casi ningún parecido en lo físico.

- Eww ¡Ópera! Si no te doy tu bolso te estaré haciendo un favor – me burlé sacando la lengua en símbolo de repugnancia.

- ¡Daiana Constanza Ruzzo! Seguiré hurgando entre tus cosas ya que mi bolso aún no está en mis manos – se quejó haciendo una especie de berrinche el cual me causó una tremenda carcajada – Bien, luego tendrás que asumir las consecuencias ¿eh? –

- ¡Ay aha! – dije con sarcasmo y burla, pero en juego. Le arranqué las manos del cajón, pero no tardó ni un segundo en volverlas a introducir.

- Mmm… a mi se me hace que hay algo por aquí – cantó.

- Eh no se a que te refieres – las manos comenzaban a sudarme - ¡Ya! Apártate y te daré tu bolsa –

- Demasiado tarde, esto se torna divertido – gritó levantando una ceja y esculcando con velocidad.

- ¡No, ya! En verdad ya – lloriqueé y corrí hacia el otro lado de la habitación donde saqué el dichoso bolso – Mira, aquí esta tu bebé Chanel, ahora apártate de ahí –

- Muy tarde – volvió a cantar divertida, hasta que se detuvo, el silencio reinó - ¡Oh dios mío! Constantine… podrías explicarme que hace esto ¡¿aquí?! – sacó entré carcajadas el pequeño sobre plateado de plástico.

- ¡Oye! Te dije que no te intrometieras en mis cajones – reí junto a ella, arrebatándole de la mano el pequeño artefacto.

- Aparte es texturizado y con sabor a fresa… ¡Oh dios! Tengo una hermana precoz jajaja – me picó la panza mientras mis mejillas se coloreaban.

- Tenía una caja entera, pero, pues.... – bromeé.

- ¡Perra! Jajaja – rió ya con lágrimas en los ojos y con las manos en el abdomen mientras tomaba su bolso, aquel bolso Chanel y se dirigía entre risas hacia la puerta…



En definitiva, extrañaba mi vieja vida.

Tomé una ducha para despejar mis ideas y después de eso me envolví en una toalla. Creé un lindo conjunto para el día, conformado por una diminuta falda de mezclilla descocida en el borde, una camisa blanca tipo polo de manga corta con la figurilla de la marca en rosa pastel, y unos Converse All Star blancos por igual.

Maquillé en tonos naturales mi rostro y el toque final fueron unos aretes, apenas unos diminutos destellitos blancos.

Me apuré en salir del departamento, comenzaba atormentarme la idea de quedarme ahí toda una tarde con los recuerdos de la noche anterior. Bajé por el elevador con delicadeza, saludando al portero y luego tratando de parar algún taxi vacío.

- Buenas tardes – me saludó el taxista echando una pervertida mirada por el retrovisor.

- Buenas… - contesté sin mucha importancia y el automóvil comenzó a avanzar.

Las personas y edificios en el exterior se difuminaban por el movimiento del auto, y el viento se colaba por la ventana del conductor, alborotando mis cabellos. El taxista prendió la radio, y subió el volumen con potencia. Una canción de letra absurda y egocéntrica sonaba al fondo para mi fortuna, hasta que cambió de ritmo y comenzó una nueva melodía. Dogs Unleashed ahora se lucía a través del transmisor. La canción fue interrumpida por la voz del locutor:

`` Y ahora la euforia Tokio Hotelera aumenta después de la casi eterna ausencia de los Tokio cuando uno de los integrantes del grupo Georg Listing fue visto con su supuesta novia, una bella chica llamada Daiana Constanza Ruzzo, ex empleada de la revista Intense Magazine, en el After Party de los MTV Music Awards, en posiciones muy comprometedoras, y por lo visto no fue una aventura pasajera, ¡No! Se les ha visto ya en varias ocasiones juntos, así ¿Qué podemos esperar de Tokio Hotel cuando dejan a los fans ansiosos por algún romance? Hasta la fecha no se sabe si los otros integrantes de la banda tienen alguien que les corresponda el cariñ…

- Basura – murmuré para mi misma. El taxista que no dejó pasar ni un movimiento mío, se dio cuenta de mi molestia por el tan `` cultural ´´ informe y apagó la radio. Ni un segundo en paz.

- Eh chica, no quiero alarmarla, pero creo que nos vienen siguiendo – dijo el después de un rato, pasando su mirada a un espejo lateral. Me giré un poco para observar; en efectivo nos iban siguiendo, las camionetas negras ya un poco familiares para mi, recordé las palabras de Jost.

- Esta bien, vienen conmigo – suspiré, ahora imaginando que tener una especie de guardaespaldas me iba a resultar pesado.

- Vaya, a una mujer como tú si que se le debe cuidar – trató de elogiarme, hice caso omiso.

Todo comenzaba a revolverme el estómago.



( Bill )

- Hey Thomas, Jost llamó – grité desde la estancia hacia mi hermano, escuché sus pasos pesados acercarse rápido.

- ¿Y? ¿Qué te dijo el viejo? – preguntó levantando los hombros y acomodándose la amplia sudadera.

- Tiene ideas en mente.

- ¿Trabajar?

- Así es hermano, los fans ya están desesperados.

- Pero si acabamos de sacar el nuevo álbum – se quejó.

- ¿Cuál? ¿Humanoid? – Pregunté – Si muy nuevo, nuevo de hace cinco años – dije con sarcasmo, y dándole una palmada en el hombro.

- Rayos – se plasmó una de sus manos en la frente – El tiempo si que pasa volando –

- Sí; pero para tu fortuna, tu hermanito precioso se ha inspirado y ya ha sacado algunas letras – sonreí orgulloso de mi mismo.

- ¿Y…

- ¿Cómo que `` y ´´ Tom? Ahora te toca a ti hacer tu parte… - lo regañé con un tono maternal.

- La música – sonrío – También he sacado algunos ritmos ya, tal vez alguno que otro pueden cuadrar con tus letras –

- Exacto, a veces tienes buenos ritmos, solos y acompañamientos – admití esparciendo una sonrisa.

- Hey hermano, ¿A veces? – dijo con modestia.

- Sí a veces – dije, cortando su clásico ego hasta por los cielos – Luego se te ocurren puras mierdas – reí.

- Calla Bill – dijo tratando de ponerse serio, pero la risa le brotaba entre los dientes.

- Ja, me ha informado Jost que ya contactó a Dave Roth y a Pat Benzner para que comencemos a producir material –

- Bueno, de eso se encarga el buen Jost, el trae a casa todo el equipo de siempre – Tom hizo un gesto de despreocupación y se dejó caer en uno de los puff alado del televisor.

- Sí, no es el equipo el que me preocupa…- torcí los labios – No creo que todos tengan ánimos de trabajar –

Tom me observó confundido mientras abría una lata de cerveza y me arrojaba otra…

- Hagen – respondió la ligera adivinanza.

- Así es, supongo que esta realmente mal por las escenitas de ayer.

- Oh vamos, es Georg, el siempre esta dispuesto a trabajar; llega tarde o con resaca, pero siempre tiene ánimos – Tom le dio un trago a la lata y encendió la TV.

- Pero anoche se le notaba furioso – le arrebaté el control, tratando de buscar algo bueno que ver.

- En todo caso, no tiene que ponerse así, para él Daiana fue o es una especie de juego.

- ¡Hey Tom! ¿Cómo puedes decir algo así de una chica? – ignoré las imágenes de la tele por unos momentos y me le quedé viendo.

- Yo digo las cosas como son; ahora cambia de canal, no quiero ver ese programa pagado para reducir de peso.

- Tom… ¿que carajos importa el programa pagado ahora? Son chicas, no cosas.

- Y ahí vamos con el mismo discurso de siempre – torció los ojos.

- No, no es lo mismo de siempre, ¿Cuándo entenderás que ellas sienten?

- Eso lo entiendo, sólo soy diferente a ti, a mi me gusta divertirme.

- Demonios Tom, ¿Qué no te puedes divertir con la misma chica, y no cambiarla como si fuera ropa vieja? – Apagué el televisor para que Tom dejara de esquivar mi mirada.

- Oye relájate ¿Sí? – volteó a verme.

- No me digas que esas son tus intenciones con todas las chicas, no me digas que esas son tus intenciones con Atziri… - le advertí.

- Hey, mucha información a la vez, relájate en verdad… - me quitó el control y volvió a encender el aparato, eligió una serie conocida, y nuestras miradas se sumergieron en las imágenes, para no cruzar palabras en un buen rato.



( Daiana )

- Son 40 euros – me dijo el taxista, cuando llegué a mi destino. El café de siempre.

- Gracias, quédate con el cambio – le dije, sonando como un presuntuoso protagonista de película, y es que en ese momento hacer cuentas no era algo que ansiara.

- Vaya, buen día chica – sentí su acosadora mirada por detrás cuando bajé del coche.

Caminé hacia el café, y empujé la puerta de cristal con fuerza, haciendo que el olor de grano recién molido y la vainilla entrara por mi nariz. Me senté en uno de los sillones beige y contemplé mí alrededor.

Llamé a Elisa, necesitaba verla, desahogarme junto a ella, pero se encontraba en el trabajo. Lo mismo sucedió con Atziri. Marqué varios números en mi celular, pero ninguno de sus dueños dispuestos a verme, el tiempo no les alcanzaba.

Decidí marcar el número que hace años no tecleaba, el de ella. Con esperanza aguardé a los pitidos de espera, pero después de seis de ellos, el buzón aterrizó. Di un suspiro, uno de esos profundos. Extrañaba su voz. Extrañaba su compañía, extrañaba la vieja vida.

Por primera vez, ahí en la sombra del día, me sentía realmente sola…


1 comentário

oreo_effeckt dijo...

Me mueroooooooo Koniiiiii-iiiii

Quien es esa eh!?

Por que déjame decirte que tiene buen gusto....
niña precoz xD!!

te amo <3

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