miércoles, 4 de noviembre de 2009

Cap. 17 < ¿Cómo llegamos a esto? >

[Capítulo anterior: Perdí el presente entre los deja vu enterrados en los más escondidos rincones de mi memoria, dejé a Danny en la mesa alumbrada por el ventanal sin saber nada más de el aquella noche…]


Me sentí orgullosa de mi misma cuando contemplé que pude dormir toda la noche sin ninguna interrupción.

Con pasos endebles me levanté del colchón al primer rastro de luz que se colaba entre la pesada cortina de mi habitación. Eché un vistazo al reloj-despertador que yacía en el buró. Los números parpadeantes indicaban las 10:57 am.
Me hizo titiritar una fría ráfaga de viento que se penetraba entre el diminuto hueco que hacía la puerta con el piso. Tomé una bata del armario, y envolví en ella todo lo que puede de mi cuerpo.

Al acercarme unos cuantos pasos a mi ventana, empujé débilmente la tela de la cortina para observar lo que ella ocultaba. Un siniestro amanecer. Se aproximaba un día nublado y lluvioso.

Segundos después me encontraba sentada en el diminuto banco del hermoso tocador de caoba, aquel que me había acompañado desde mi niñez, contemplando la imagen que el espejo reflejaba. Palpé la textura de mi cara, cepillé mi cabello, retoqué el esmalte de mis uñas, limpié la superficie del mueble, incluso hice algunas cómicas muecas… todo lo posible para perder tiempo.

Hey ¿Qué haces? De todas maneras algún día tendrás que salir de este cuarto. Me decía mi subconsciente.

¿Y que tal si no? Me auto contesté.

Daiana Constanza, ¿Acaso huyes de el? Piensas hacer tiempo aquí, así el chico que seguramente está afuera de tu habitación esperándote, llegue a la desesperanza y se marche. Esa voz dentro de mí volvió a responder.

- Tal vez – ahora dije en voz alta mientras soltaba un suspiro. En lo factible, sólo estaba actuando como boba e indiferente, pero por dentro la angustia me carcomía.

Sin volver a tocar el tema, saqué mi portátil de una de las compuertas de mi secreter. La encendí mientras me tumbaba a la cama y acomodaba las almohadas para encima recargar parte de mi cuerpo. Una vez que los programas se cargaron y el proceso de encendido fue finalizado, no realice nada relevante. Hice un chequeo a mi bandeja de entrada del correo electrónico, cadenas sin importancia y avisos de páginas Web ganaron mi ignorancia. Mientras clickeaba en el botón `` siguiente ´´ continuamente algo por fin hizo detenerme.

Y cuando te harás digna de presentarte por acá de nuevo eh? Niña, años sin verte y hablando en el sentido literal! Puedes creerlo! Somos de la misma sangre y tú vives ahora en Alemania. Todo parece patético conejita! Desespero por verte… otra vez después de este largo lapso de tiempo ausente.


Se te odia por tu ausencia condenadita.
M.


Un milagro surgió una sonrisa a pesar de los tragos amargos del momento. Ese correo despertó en mi memoria miles de recuerdos, que recorrieron mi mente en un segundo, como cegadores flashes. Sin pensarlo más de un segundo, mis ya dedos bailaban por el teclado de la máquina a extrema velocidad.


Corazón, pero yo debería ser la enfadada!
Prometiste escribirme diario… y ni una letra recibí.
Traté de no verme desesperada, fue por eso que fui paciente varios meses, pero un día me dio un ataque de ansias por saber nuevas de ti. Miles de correos a tu bandeja mandé, pero ninguno fue correspondido.
Temía que algo te hubiera pasado! O que simplemente hubieras cambiado tu dirección de correo; no sabes lo feliz que me has hecho con ese corto mensajito. Después de tanto drama en mi vida, algo bueno tenía que haber.

Haber si la genial idea de escribirme pasa más seguido por tu perfecta cabeza baby.



D.

Estaba dispuesta a quedarme todo el día frente al monitor para esperar una respuesta, cuando mi idea fue eliminada.

La ráfaga de viento que se entrometía por los huecos de la puerta no había cesado, al contrario, aumentó su fuerza e intensidad de una manera impresionante. El sonido de esta se convirtió en un fino silbido al rebotar con los muebles. Me heló los huesos y secó mis ojos. Escuché romperse varios objetos, todo el suceso provenía desde la sala de estar.

- ¡¿Qué rayos?! – grité con dificultad, el sonido del viento ahora era ensordecedor y la fuerza del mismo me impedía avanzar.

Todo figuraba una película de ciencia ficción o una pesadilla agobiante.

Cuando me levanté por completo de la base de la cama, troté hacia la puerta y de la perilla me detuve, así posando mis 52 kilos sobre ella, logré girarla y salí disparada de la habitación.

Giré mi mirada del pulido piso de madera, para poder descifrar lo que causaba el `` tornado ´´ dentro de mi departamento. El piso, luego la mesa, el florero roto, papeles que volaban con libertad cerca de mi perímetro, varios pedazos de cristal cerca de mi perímetro y luego… luego, la aterradora imagen.

- ¡DANNY! – grité con todas mis fuerzas. Corrí hacia su silueta. Su camisa desabotonada se expandía hacia atrás igual que su oscuro cabello debido a los aires de la prematura tormenta.

La escena consistía básicamente en el ventanal de 10 x 5 metros completamente abierto y el cuerpo de Danny a un paso de distancia del vacío.

Corrí a gran velocidad hacia el y jalé su cuerpo bruscamente dentro de la construcción, limitando sus posibilidades de suicidio. Caíamos en seco juntos contra la madera del suelo, el impacto se hizo sonoro pero fue a lo que menos le dimos importancia en el crítico momento. El ventanal seguía emitiendo el rugido que el ruido urbano y el de la tormenta creaban, y el viento jalaba papeles y objetos hacia el paisaje que metros abajo terminaban en una banqueta de concreto. No me molesté en encargarme de ello. Una punzada enorme sentí en la cabeza, fue tanto el dolor que ni siquiera pude quejarme.

Cerré mis ojos con lentitud, noté que inconcientemente él me hacía coro. Fue el momento en que mi cerebro volvió a trabajar con `` normalidad ´´ después del desplante de adrenalina.

Traté de asimilar lo que hace menos de diez segundos había sucedido, pero no pude.

¿Qué fue eso? ¿Qué estupidez fue todo eso? Me pregunté en voz muda, pero a gritos tratando de encontrar una explicación, una razón.

- Yo… yo solo quería tomar un poco de aire fresco – tartamudeo, como si me hubiera leído el pensamiento.

Me quedé callada por más de cinco minutos.

- No nací ayer, se muy bien que es un auto homicidio – dije apenas despegando los labios, la garganta me ardía a un nivel que parecían llamas adentro de mi. El viento seguía desfilando a través del ventanal abierto y elementos de mi casa se sentían atraídos por aquella fuerza brutal de la tormenta.

- Daiana, yo… yo … yo solo... .

- Tú solo qué? – dije aún con los ojos cerrados y sin expresión en la tonalidad de mi voz.

- No lo se – se rindió.

Al poder despegar los párpados noté que mi departamento estaba siendo destruido, y decidí actuar. Me paré con dificultad y trate de empujar las partes del ventanal con rapidez, para que embonaran. Pesaban demasiado, y me estado psicológico era más débil que mi físico en aquellos momentos. Logré poner en su lugar dos piezas, y me di por vencida, dejándome caer a un costado de la mesa.

Sin estar muy conciente de la situación y llevándome una gran sorpresa, mis mejillas fueron quemadas por la temperatura, de ahora, mis recientes lágrimas.

- Dai… - Danny se notaba tan confundido, tratando de encontrar una solución a lo que él mismo había originado. Escuché un `` clac ´´ y giré la mirada para comprobar que él había terminado con la tarea del ventanal. El ruido paró, pero la incertidumbre y el temor permanecieron.

- Princesa – se inclinó y me tomó en brazos, como a una pequeña niña soñolienta que se queda dormida viendo el televisor. Comencé a berrear ahora, en su regazo.

No sabía si alejarme o consolarme de el.

Me llevó hasta el sillón, y se sentó guardando la misma posición. Yo acorrucada en su regazo, esparciendo mares. ¿Acaso era yo la que debía llorar?

- No llores por mis estupideces, no sufras por mi cobardía – me susurró al oído mientras una mano suya se deslizaba por mis húmedos pómulos – Guarda tus perfectos cristalitos de lagrimas por algo que no sea una mierda como esto Constance – me besó con delicadeza el medio de mi frente – Es sólo que ya estoy harto de vivir huyendo, de vivir con una culpabilidad enorme, tragándome la idea que las autoridades me entierran en los sesos, `` soy un criminal ´´ -

Permanecí escuchando, con ojos empañados y un ligero hipo, que a no ser por el momento, hubiera sido tierno y hasta gracioso.

- Oh Constance – me observó con ternura – Soy un monstruo, cariño – enrredé mis manos sobré su cuello y recargué mi cabeza en su pecho. Pude sentir su agitada palpitación. La adrenalina bajó y sus efectos secundarios comenzaron hacerse presentes, un terrible cansancio me ganó.

- Duerme – me dijo cuando notó que luchaba contra mis propios párpados y me dio un calido beso. Sólo un rosee de labios. Sólo un ligero rosee que me provocó una oleada de profundos sentimientos…



(Tom)

En la avenida ya se causaba un gran desorden, de inmediato active el teléfono de mi auto y marqué a Hagen.

- Hey Hobit – saludé de prisa.

- Hey Men ¿Qué pasa? – respondió divertido.

- Estoy dentro de mi bebé, salí a pasear un rato con Bill y pasamos justo en la calle de Daiana – no quería preocuparlo, pero mi objetivo no fue logrado.

- Daiana, entiendo – confirmó, pude imaginarme su cara seria del otro lado del teléfono - ¿Qué pasa ahí? –

- Será mejor que nos acompañes a echar un vistazo, no sabemos que rayos pasa dentro de su departamento – Bill se entrometió en la llamada poniendo el altavoz, le di un golpecillo por eso.

- Oigan Gemelitos, más les vale que no estén jugando, con Daiana no se juega – me causó risa la forma en que la defendió.

- Uy… que bien defiendes a tu chica brother – me reí mientras Bill me soltaba un codazo, pero escondía su risa entre dientes.

- Oye, no adelantes las cosas, Dai aún no es mi chica – pude notar que Georg incluso también reía.

- ``Aún ´´ tu lo has dicho Hagen – dijo mi hermano apoyando la causa.

- ``Aún´´ y `` Nunca ´´ ¡Quien te va querer con la santa cara de deforme que cargas Listing! – ahora bromeé.

- Oigan Oigan, esto ya se desvió – contestó irritado, a lo cual nosotros nos carcajeamos; era divertido hacerlo riñear - ¿Qué pasa en la casa de ella? –

- No lo se, hay una gran multitud de morbosos espiando desde la banqueta, y se puede apreciar como los ventanales estaban abiertos, por lo mismo las cosas de su departamento salen volando. Dudo que alguien quiera dejar un ventanal gigante abierto en medio de una tormenta – Bill puso un gesto simpático de preocupación.

- Pues… ella deja la puerta principal abierta ¿Por qué no el ventanal? – me burlé recordando lo de hace un día atrás.

- Vele bajando e Thomas… adelántense, los alcanzo allá en un segundo – el sonido de fin de llamada entonó y me concentré en el camino. Tomé un retorno y nos dirigimos de nuevo a el edificio que hace unos momentos ya habíamos dejado atrás… pisando el acelerador a fondo y derritiendo a las chicas que lograban distinguirnos en mi carruaje a pesar de la velocidad.


(Georg)

Corrí hasta el gargajee y me apresuré a poner mi nave en furia. Tomé las calles con gran velocidad, algo me apresuraba.

No creo que Daiana este en peligro, seguro dejo abierto el ventanal abierto por equivocación, un simple error que ha todos les puede suceder. No creo que Dai este en peligro, no, no creeo…


1 comentário

oreo_effeckt dijo...

hahahahahaahaha, despues de la ternura que me estaba causando el capi...mi baby lo termino perfecto!

"derritiendo a las chicas que lograban distinguirnos en mi carruaje a pesar de la velocidad."

hahaha

te amo pastel

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