domingo, 24 de enero de 2010

Cap. 30 < Como un viñedo de ti >






[Capítulo anterior: Me sentía ridícula, tan ridícula, ridículamente ridícula. Tal vez la fórmula para situarme en viejos tiempos se constituye de 100 gramos de dolor, 1 kilo de tensión y… una pizca de amor.]


El vapor que producía el agua hirviente rozando mi cuerpo, se congestionaba en la puerta de cristal de la regadera.

Un rato dentro de ella y estaba más fresca que nunca. Enrredé una toalla a mi húmedo cuerpo que aún despedía tibieza por las gotas de agua; mi otra mano se encargaba en desempañar el espejo abrumado en blanco. Observé mi reflejo.

- La cuatro y media – suspiré aliviada al ver la pantalla de mi celular – Aún queda tiempo.

Me senté sobre la tapa cerrada del inodoro para secar con frenesí los gajos de cabello que el agua había oscurecido. Cuando decidí que era suficiente lo cepillé con naturalidad, esperando que más tarde se ondulara.

Perdí mi instinto. No sabía con que empezar; cabello, maquillaje y vestuario, o, maquillaje, vestuario y cabello, o tal vez, vestuario cabello y maquillaje. Estaba hecha un lío y no precisamente por que usar o que estilo aportar.

Me despojé de la única tela que acariciaba mi cuerpo, la toalla, y caminé hacia la cocina por un vaso de jugo, para luego dirigirme al closet de mi recámara, no sin ante cerciorarme de que la única pobladora de la casa en el momento era yo, pues le permití a Alex y su pandilla un respiro en el café vecino a mi edificio.

- Perfecto, perfecto – aplaudí sacando de los ganchos un conjunto. Palpé la tela del coqueto vestido que me acompañaría la noche. Estilo vintage, de un color rosa pálido y con garabatos en negro a la altura del escote. Aún no lo había estrenado.

Lo arrumbé encima de mi cama, eso iría al último.


.  .  .  .  .  .

- ¿Segura que no quieres que te lleve un café? – preguntó Alex interrumpiendo la fase `` cabello ´´. Casi me quemo un dedo con la tenaza al detenerla junto al teléfono.

- No gracias, tomé un jugo hace rato.

- Bien, entonces vamos para allá, como en unos…

- En realidad, quiero que se tomen su tiempo – lo interrumpí.

- ¿Todo bien?... ¿Acaso nos estás despreciando?

- Nada de eso – reí – Ya… sólo `` cosas de chicas ´´.

- ¡Iugh! Nos tardaremos entonces – expresó con repugnancia.

- `` Cosas de chicas ´´ - reí al colgar el teléfono - ¡Siempre funciona!

Terminé de acomodar mi cabello e iluminé mi rostro con una serie de productos que hicieron bien, muy bien lo suyo. Ocultaron lo morado de mi rostro, ahora solo eran difuminadas sombras.

A la hora de ponerme el glorioso vestido, el sonido del timbre de la puerta cortó mi tarea a medio cuerpo. Me apresuré en ambas cosas: terminarme de vestir y averiguar quien llamaba al departamento.

- Alex… te hubieras tomado más tiempo – dije detrás de la puerta cuanto quitaba toda la gama de candados y seguros que David había ordenado poner.

- ¿Me puedes explicar quien diablos es Alex? – bromeó con seguridad. Estaba recargado al marco de la puerta - ¿A quien le presumo mis puños esta noche?

- ¡Puntual!

- Sólo con lo que más me interesa – guiñó un ojo.

- Me alegra saber que te intereso tanto, llegas con… - miré el reloj de plata ajustado a mi muñeca – una hora de anticipación.

- Vengo desde muy lejos, tomé mis precauciones para llegar a Berlín a una hora adecuada.

- Aha, precavido entonces – sonreí - ¿Gustas pasar? – Abrí un poco más la puerta - ¿O te quedarás toda la noche ahí con tu pose de película?

- Sería buena idea, te derretirías.

- ¡Sí claro! Pasa…

- Tu casa me… provoca – dijo cabizbajo pero sosteniendo una risa – mejor vamonos ya.

- ¡Georg! – Golpeé su hombro - Más vale que me sorprendas ¿eh?

- ¡Claro! – Sonrió – Una noche llena de sorpresas. Te vez muy bonita.

- Gracias, pero no me conviene ir descalza a la calle – miré mis pies, aún no me había puesto los zapatos – Espérame.

Corrí a mi cuarto por lo esencial y volví a donde se encontraba él junto a unos flats a juego con el vestido, un bolso y un abrigo en negro.

Bajamos por el elevador aventándonos miraditas a través de los espejos que recubrían a este. El camino de ese encuentro iba muy bien.

En el estacionamiento me presentó a su `` bebé ´´ (como el lo llamaba). Un hermoso auto deportivo en negro onix. Por dentro sólo dos asientos lo invadían, haciéndolo ver más minimalista y sofisticado. No reconocí la marca ni el modelo, pero sin duda era irresistible.

- Cada vez me enamoro más de esta nave – miró orgulloso toda la tabla de controles cuando estábamos adentro. Era cálido – Es tan cómodo que puedes dormir en el con ninguna queja.

- Envidiable.

- ¡Tom dijo lo mismo! Y eso que tiene un coche maravilla.

- Pero, siento que este coche te va para ti. No lo vería con nadie más.

- ¿En verdad?

- Sí.

- Pues… no se ve nada mal contigo, nada, nada mal.

– Arranca ya o vas a babear encima del volante - sentí como mis mejillas se enrojecían.

- Ay Dai – ladeó la cabeza junto a una mirada risueña y nos apoderamos de las calles junto al rugido del motor.

.   .  .  .  .   .

(Bill)

- ¿Seguro que ese idiota te dijo que aquí? – preguntaba Tom hurgando entre la gente del restaurante.

- Sí, me lo aseguró – lo jalé de su playera que más bien parecía camisón – Y deja de voltear para todos lados, llamas la atención.

- No Bill, te creíste su broma ¿Para que nos citaría Hagen a un restaurante? – puso una cara de asco - ¿Le gustamos? ¡Agh! Seguro quiere un trío.

- Tus ideas sexosas Tom, me revuelven el estómago.

- A mi no me reclames… es Georg el que tiene esas fantasías, nos quiere seducir, por eso nos trajo aquí y después nos va a embriagar para llevarnos a su casa y…

- ¡Cállate Thomas!

- Lo siento, cuando me desespero mi mente comienza a divagar.

- ¿Con Georg? – reí.

- Sí con… ¡OYE NO!

- ¡Ay hermanito! Mejor sentémonos, no quiero que te desesperes más y luego me cuentes tus fantasías con Gustav – nos dirigimos a una mesa mientras la camarera nos entregaba las cartas – No sería agradable ja.

- Déjame en paz – se rió mientras reflexionaba la sarta de tonterías que acababa de decir.

Era un lugar muy lindo. La comida en las mesas continuas olía deliciosa. La mayoría ahí eran adultos, así que podíamos pasar como irreconocidos, aunque una que otra vez se acercaban para pedir un autógrafo para sus hijos.

Tom y yo pedimos una ensalada como entrada, esperábamos la misteriosa aparición de Georg por ahí. ¿A que se debía todo? No era una simple reunión, Tom tanto como yo, lo sabíamos.

- Lindo bolso – señaló Tom con burla mientras yo buscaba en el mi celular que vibraba.

- Lindos tenis – torcí mis labios mientras las lucecitas de estos se encendían – Que bueno que te haya gustado mi excelente gusto.

- Ehem… fueron los primeros que encontré – ocultó sus pies debajo de la mesa.

- Seguro – reí mientras oprimía el botoncito verde de mi celular - ¿Bueno? ¿Ya? Perfecto. Sí sí aquí, Ok - colgué

- ¿Ya llego el Hobit?

- Sí, mira ahí está – indiqué con mis ojos la puerta, Tom volteó.

- ¡Wow! Parece que será una noche divertida con tanta compañía – exclamó abriendo mucho los ojos.

- Eh… sí sí, compañía – dije nervioso mientras me incorporaba en la silla al verlos, no sólo era Georg.

(Daiana)

Minutos antes de entrar al restaurante…

- ¿Has venido a este lugar?

- Me suena – observé la fachada mientras Georg me ayudaba a bajar del auto. El transcurso había sido divertido, tranquilo, amistoso.

- Te gustará.

- Eso prometiste – parpadeé con dulzura, me devolvió el gesto.

No lo voy a negar; esperaba algo que me sorprendiera más que una cena, pero aún así era un plan que me emocionaba. El restaurante lucía antorchas en la entrada, enamoraban a las personas que pasaban por ahí cerca.

Georg había olvidado algo en el coche, o por lo menos eso dijo, regresó segundos después a donde yo me encontraba congelándome, enfrente del lugar.

Estábamos a punto de entrar cuando mi celular indicó el tono de mensaje y me extrañé con el contenido de este.
`` Cierra los ojos y camina tres pasos ´´. Desconocí el número, pero yo muy obediente seguí las curiosas instrucciones.

- Me verás como una loca por esto, pero bueno – dije mientras plegaba mis parpados haciendo que mis pestañas inferiores y superiores se tocaran y caminé tres pasos – 1,2,3…

- ¡AH! – una gritadera me hizo sacar un susto y sentí varios cuerpos a mi alrededor. Abrí los ojos en cuanto pude.

- ¿QUÉ? – gritamos todos a unísono. Cada quien traía su celular en la mano.

- ¿Daiana?

- ¿Gustav?

- ¿Elisa?

- ¿Atziri?

Intercambiamos miradas. Georg ya estaba hecho una risa, incluso posó sus manos en el abdomen y sus ojos despedían lágrimas. Inspeccioné los celulares de todos. `` Cierra los ojos y camina tres pasos ´´ en cada uno.

Un ingenioso plan de Georg.

- No te veo como una loca – dijo cuando la risa calmó y todos nos acercamos a verlo con miradas hostiles mientras Gustav se sobaba la frente, pues Atziri le había dado un cabezazo en el ciego y bochornoso encuentro – Vaya que son obedientes – volvió a reír, pero ahora un poco más calmado.

- Me las pagarás Hobitt – se quejó Gustav. Después nos saludamos todos de la manera `` correcta ´´.

- ¿Y como es que estamos todos aquí? – preguntó Elisa, contagiada de la risa. Los aires helados de la ciudad traspasaban mis huesos.

- Georg me llamó – dijo Gustav aún con la mano en la frente.

- Georg me invitó – murmullé.

- Un mensaje secreto en mi celular me invitó, pensé que era una broma de Dai – expresó Atzi un poco confundida.

- Me pasó lo mismo que Atz – río Elisa, para luego todos hacerlo - ¿Todo fue plan de tu noviecito? – ella enmarcó una ceja.

- ¡Ehem! – expresé casi en grito al escuchar la palabra `` noviecito ´´.

- Sí todo fue mi plan – indicó Georg con orgullo – ¡Ah! y gracias por crearme un noviazgo – bromeó - ¿Saben? Fue muy divertido verlos chocar.

- ¿Con que motivo? – me refería a su complot.

- Diversión – guiñó un ojo.

Nos apartamos del aire que soplaba como un aliento fresco en nuestras caras y nos introducimos al lugar. Por dentro se quitaba el aspecto salvaje de la fachada y entregaba un romántico clímax.

- ¿Sorpresa? – preguntó a mi oído cuando caminábamos entre las mesas. Elisa, Atziri y Gustav bromeaban de lo recién ocurrido.

- Fue divertido, lo estás logrando – coqueteé.

- Apenas es el comienzo.

A no ser de la pálida piel y mirada asustada que Elis adaptó, no hubiera notado la presencia de los Kaulitz ahí. Nos estaban esperando, o tal vez solo a Georg. Para esas alturas yo ya estaba con las ideas revueltas.

- ¡Georg! Trajiste ambiente – saludó Tom mientras comía un trozo de lechuga.

- Hola chicas – saludó Bill a cada una y se apresuró para conseguirle lugar a Elisa.

- Vaya, una gran reunión – suspiré cuando todos estábamos ya en nuestros lugares.

- Sí, no saben lo que nos pasó allá afuera… - expresó Gustav emocionado mientras le contaba a los gemelos la embarazosa historia.

- Te luciste Hagen – dijo Tom sonriendo cuando acabamos de escuchar lo vivido, chocó palmas con Georg.

Abordamos después el tema del ataque de la fan, y mientras las palabras transcurrían tuve varias miradas en mi cara tratando de encontrar algún moretón.

- Ya todo está bien – sonreí – Gracias por preocuparse chicos – di a entender que el tema me incomodaba y nadie más habló al respecto.

El resto de la cena transcurrió entre filetes, pescado, ensalada, pasta, vino, risas, burlas, miradas, incomodidad, curiosidad y un sin fin de sensaciones.

No di lugar de que la cena había acabado, el tiempo se había esfumado en un santiamén.

Nos despedimos todos no sin prometer vernos de nuevo. Lanceé una mirada asesina para Elisa, había prometido decirle a Bill la verdad, pero eso aún no había sucedido. Bajé mi semblante cuando comencé a notar que el grupo se dividía por parejas.

Bill llevaría a Elis a su casa, por el otro lado Tom y Atziri morían por ir a ver la ultima función del día en algún cine cercano, Gustav visitaría a su hermana y se quedaría a dormir ahí debido a que el trayecto a su casa era largo, y yo… yo estaba siendo raptada por Georg.


.   .   .  .  .   .

- Llegamos Dai – sentí su mano sacudiendo con delicadeza mi hombro. Me había quedado dormida después de la media hora de camino.

- Esta… no es mi casa – salté en el asiento al ver un frente de una casa de dos pisos, moderna en color blanco con detalles en rojo.

- Ya lo se – sonrió mientras tomaba mi mano – Es la mía.

- ¿Qué hacemos en tu ca…

- Shhh – puso un dedo sobre mis labios – Tu me dijiste que te sorprendiera.

- Pues… - dudé – Sí – asentí después de un silencio.

Caminamos hacia la entrada. El abría la puerta con una llave dorada y yo estaba a espaldas mirando el lugar. Varias casas bonitas, mucho verde, y el clima era frió como todo lugar de Alemania, pero no estábamos en Berlín.

- El sillón es muy cómodo – me dijo – Iré por un vino.

Le sonreí con timidez y me senté sobre aquel sofá. Regresó con una botella verde oscura y la destapó. Después me la extendíó y la olfateé. Exquisita.

- Constanza – leí el nombre de la bebida en la etiqueta y no pude evitar sonreír.

- Es mucho nombre para un vino – me entregó la copa y el brillo en nuestras pupilas se convirtió más líquido que la propia bebida. Maravilloso.


1 comentário

oreo_effeckt dijo...

Anda nomás.

Lo único que hizo falta fue un "shalala la la"

Espero, muy honestamente, que todos los cines estén cerrados y que a Atz le de diarrea.


Te amo

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