viernes, 5 de febrero de 2010

Cap. 31 < Cercanía >







[Capítulo anterior: - Es mucho nombre para un vino – me extendió la copa y el brillo en nuestras pupilas se convirtió más líquido que la propia bebida. Maravilloso.]

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- Anda, te acompaño a tu casa – el insistía una y otra vez. La madrugada se extinguía para convertirse en amanecer.

- No, puedo yo sola – yo simplemente guardaba mi postura – Veo poco probable que me llegue a perder.

- ¿De verdad? – dijo con mirada retadora.

- Sí – confirmé seria mientras disimulaba el dolor de cabeza. Habíamos bebido toda la botella hasta la última gota en un segundo, el resto comenzaba a transformarse en historia, pero eso era por que mi memoria estaba lo suficiente aturdida como para recordar que había pasado con exactitud en las últimas horas.

- Oh ya – asintió – Muy bien, ¿puedes decirme donde estamos señorita ubicada?

- En tu casa – solté una risa boba.

- ¡Ja! ¡Por favor! No tienes ni la mínima idea de en que lugar alemán estás parada.

- Pues, lo averiguo. Fácil – levanté los hombros con indiferencia y mis tacones retumbaron en el piso de madera, luego el rechinido de la puerta llamó la atención de Georg – Algún taxista debe saber en que lugar está varada la señorita ubicada, seguro conoce también el regreso a casa.

- No pensarás irte ahora – dijo no exactamente en forma de pregunta.

- ¿Por qué no?

- ¿Es enserio? ¿Te quieres ir ya?

Y de nuevo lo hizo. Un perfecto lavado de cerebro, con las manos a la altura de la cintura y actitud relajada. Dos ojos verdes que tintineaban con galantería y unos labios repitiendo: `` ¿en serio? ´´.

- Odio que hagas eso – reí estruendosamente mientras arrojaba mis tacones a algún rincón del lugar y corría como niña hacía sus brazos.

- Yo amo que odies eso – susurró con delicadeza a mi oído y sentí mis pies fuera del suelo, en forma literal. Sostenida por sus trabajados brazos y riendo los dos, juntando nuestras narices y moviéndolas de un lado a otro, formando un coqueto juegue de cariño.

- Tal vez me quedo para el desayuno – reí mientras mis pies descalzos volvían a sentir lo frío de la madera.

- No – exclamó con dureza – No quiero un `` tal vez ´´ . Te quedas a desayunar y todos felices y contentos.

- ¡Ah! Ahora estoy obligada a desayunar en la casa del bajista de Tokio Hotel, interesante – reí trotando hacía la cocina para ayudar al hombre a preparar algo.

- Te equivocas – abrió el refrigerador y sentí una ráfaga helada que este despedía – Estás obligada a desayunar en la casa de Georg Listing, no del bajista de el fenómeno mundial Tokio Ho…

- Perdón – lo interrumpí – Yo no quise herirte.

- Calma linda, no es para tanto – sonrío extrañado – Es sólo que a veces me gusta quitarme de toda la fama y ser el yo de antes…

- Sí lo entiendo, pero no me refiero precisamente a eso – torcí los labios. Todo estaba sucediendo tan rápido. Entre la penumbra se veía un futuro, pero yo no podía seguir así, repleta de mentiras y dudas. Cargaba un gran peso de encima, tenía que arrojarlo muy lejos para que este no me siguiera aplastando. Lo tenía que hacer. No era obligación, era necesidad.

- ¿Qué pasa? – preguntó ameno. Jugaba con un mechón de mi cabello pasándolo detrás de mi oreja. Estaba curioso por mis palabras.

- Lo siento, no quise herirte.

- No se a que te refieres.

- Georg yo… yo desconocía que el iba a llegar y que iba a suceder todo eso…

- ¡Hey! – Me interrumpió – Espera, ¿Tiene que ver con el ventanal? – Paseó su mirada por la blanca cocina – Bueno, el ventanal es un buen tipo, me cae bien, me da buena espina y no logró ponerme celoso; admitiré que el tal Danny fue todo lo contrario. ¿Por qué no le pide consejos al ventanal? – estaba bromeando, sí, estaba bromeando.

- Sí, justo ese es el tema – suspiré. No quería enfrentarme a sus ojos, no aún – Creo que debí de darte una explicación en ese momento – y los reflejos verdes de sus pupilas sonreían, el sonreía. ¿Por qué sonreía?

- Esperé esta plática por un tiempo, pero ya no más. Te creo Dai, te creo cual haya sido la razón de todo el alboroto. Dejémoslo en el pasado, vivamos el presente ¿sí?

- Pero…

- Dai, te creo.

- No pensarás que he inventado alguna excusa para librarme de esta, no, estoy dispuesta a contarte la verdad, decirte quien fue Danny, lo que es de mi vida, quien soy yo…

- Te creo – repitió sin fastidio – No soy grosero, no creas que no te quiero escuchar, pero, ¿no será mejor borrarlo de nuestras mentes? Dai te creo.

- ¿Será mejor borrarlo? – dudé en su teoría.

- Será lo único que hace falta.

- ¿Lo único qué falta para qué?

- Para sentirte más cerca de mí – percibí su fuerza tirando del vestido que aún traía puesto, rigiéndome acercarme a su cuerpo, para este terminar rasgado en la parte del abdomen, un pequeño detalle sin importancia, pues toda la atención se la llevaba el cálido juego de nuestros labios unidos.

(Elisa y Atziri)

- ¡Sucia! – gritaba divertida Elisa a su amiga mientras revolvía con el popote la espuma del frappe.

- ¿Y ahora yo por qué? – contestaba la otra a la defensiva riendo también, mientras su vista divagaba por las personas en aquel café.

- `` Voy al cine con Tom ´´ ¡Eso suena pero inocente en extremo! ¡Aha! – Elis reía estruendosamente, pero detrás de todo, estaba evitando alguna pregunta de Atziri respecto a su preocupante confesión con el otro gemelo Kaulitz.

- Bueno, bueno, que tu trates de conservar la especie humana en los cines no es mi problema ¿si? – Bromeaba Atz dándole un sorbo a la bebida chocolateada – Yo le rindo homenajes a la inocencia.

- Más respeto por favor – la mano de Elisa aterrizó en el brazo de Atziri - ¿Me vas a contar o no?

- Dramatizas niña. Nada grave.

- ¡Uy! Define `` grave ´´.

- Estuvimos tranquilos, era la última función, así que no había casi nadie rondando en el cinema… - raspó el icono de `` Starbucks ´´ de su envase tratando de desaparecerlo. Al mismo tiempo Elisa se acomodaba en el silloncito, entendiendo que la historia iba a comenzar – Ya sabes que las películas de terror no son mi punto débil, así que elegí la más `` fuerte ´´ . Suponía que me burlaría de Tom por dos horas y media, le aposté que yo no haría ningún gesto y el se la pasaría gritando, asustando más a la gente por sus gritos que por la función. Antes de que empezara la película, fuimos a la dulcería y me complació todos mis caprichos – Atziri gritó `` no de ese tipo de caprichos ¡cerda! ´´ Cuando Elisa mal interpretó esa parte del relato – Nos volvimos peques arrasando con la dulcería.

- ¡Que raro! Tu atascándote de dulces – Elisa torció los ojos y soltó una risita. Después de que Atziri la fulminara con la mirada, prosiguió.

- Bueno, los chicos de seguridad acabaron transportando todas las porquerías que compramos y ya adentro de la sala, pues… comimos y platicamos – Atziri le dio un sorbo al líquido, pero al despegar sus labios de la pajita, no articuló palabra alguna.

- ¿Y… - Elisa destruyó el silencio con una actitud ansiosa.

- Y miramos la película, no estaba tan mala ahora que lo pienso.

- Miraron la película – Elis mordió su labio inferior y movió la cabeza de arriba para abajo.

- Así es.

- No se que me sorprende más; que me mientas respecto a una aventurilla o que me creas lo suficientemente tonta como para que me trague eso.

- ¡Es verdad! – Atziri abrió mucho los ojos – Es verdad – repitió más calmada.

- Promételo – la retó.

- Te lo confesaré – respondió la otra chica abrumada – Un único beso. Sólo juntamos nuestros labios y los despegamos ¿feliz?

- No tengo la mínima idea por lo cual no quieres contarme los sucios detalles – levantó una ceja y rió – Pero, se que es imposible debatir contigo, así que me conformo – frunció el entrecejo.

- ¡Gracias! – Atziri extendió las manos y miró hacia el techo.

No era una cuentista. Los hechos habían sucedido de aquella manera el día anterior; los labios de ella y Tom apenas habían compartido sus texturas en una fría despedida. No estaba dispuesta a sufrir más, y reconocía que acercarse a un hombre le causaba dificultades, pero sus dos amigas, conservaban la imagen de la anterior Atziri, dispuesta a conquistar el mundo con su forma directa y espontánea de ser. Ella era esa chica, la que dejaba pasar las cosas, y que sabía que todos sus encuentros eran aventuras hasta encontrar al hombre indicado, pero… ¿Qué tal si ese hombre ya se había presentado? Ya no estaba más, William se había ido. Lo había perdido. Eso era seguro. Buscarlo; ya había pasado esa idea por su mente veces anteriores, pero todo lo que conllevaba esa acción le destrozaba el alma y le causaba un constante desaliento sentir su ausencia. Era tiempo de empezar algo nuevo, pero estaba conciente de que un amor no quita a otro. ¿Tom podría ser su nuevo William? Ser indiferente con el, portarse inocente, le desesperaba, y por el otro lado a Tom también. Era tiempo de divertirse, divertirse mucho.

- Tu tienes más cosas que contar que yo – presionó Atziri mientras asechaba a Elis con la mirada.

- No mucho.

- ¿Ah sí? – Atzi echó un vistazo al reloj de la pared. Quedaba poco tiempo, ambas se habían tomado el receso de sus respectivos trabajos para verse, y la hora de regresar se aproximaba – Más vale que escupas todo de una vez, poquitos minutos nos quedan. ¿Qué tal resultó tu sinceridad con Bill?

- Pues – Elisa carraspeó la voz – No tan mal – se produjo un silencio.

- ¡Habla!

- Ya. Sólo no presiones – dijo con simpatía la narradora de la próxima historia Kaulitz – Se molestó Atz, se molestó mucho.

- Oh – bisbisó con miedo de que el consejo de Daiana se hubiera ido abajo – Bueno, es razonable ¿no?

- ¿Razonable? – Preguntó Els con desesperación – Me aconsejaron algo que hace enojar a la gente, pero esto es razonable ¿no?

- No lo veas de esa forma. ¿Quién no se enojaría con una noticia así? – Atziri soltó aire abatida – Pero dime, ¿no apreció tu sinceridad?

- No lo se. Creo que no lo he recapacitado – Elisa se adentró en sus recuerdos de la noche anterior. Enfrente de su edificio, dentro del coche de Bill, ahí las verdades habían sido expuestas – Se llenó de celos al escucharlo, me lo confesó, pero dentro de todo, me sonrió al despedirse, eso surgió con naturalidad.

- ¿Y antes de la despedida?

- Me lo agradeció, agradeció que había tenido el valor de decírselo. Prometió vernos muy pronto, me propuso un restaurante para la siguiente vez.

- Entonces Dai tenía razón.

- Sí, eso creo – admitió Elisa, sintiendo que a veces lo descabellado es lo correcto.

Sólo una docena de minutos después, salieron del café para separarse en el estacionamiento. Arrancando sus máquinas para dirigirse al trabajo, a la rutina que a veces parecía interminable de no ser por los sucesos alrededor de sus vidas.

Sin embargo, algo seguía aprisionando las almas de ambas, ese algo, tan especial. Las dos no pecaban de ignorancia, sabían que una sombra ataba su felicidad, y estaban más que dispuestas para solucionarlo.

(Daiana)

- ¿Cuándo olvidé como cocinar? – reí.

La cocina estaba hecha un lío. Harina por aquí, huevo por allá, jugo en el piso, mermelada en las paredes, restos de fruta en la barra y mezcla para hot cakes en el techo.

- ¿Cuándo olvidé que la cocina no es un buen lugar para…

- ¡Georg! – lo callé mientras entrábamos en una prolongada carcajada - ¡Ya vez! Qué bueno que te detuve, de lo contrario tu cocina se hubiera incendiado. Esto es tú culpa.

- La tuya.

- ¿La mía por qué?

- Quien te manda a ser tan… perfecta.

No respondí a ello, pero sentí un calor impresionante en mis cachetes, seguro estos ya estarían del color de un tomate.

- Te ayudaré a limpiar – dije en seco mientras tomaba una servilleta para secar el jugo de manzana.

- No – detuvo mi mano con la suya – Mañana pondré a Tom a limpiar, no te preocupes – sonrió – Ven, vamos a mi cuarto, te prestaré algo que ponerte, estás hecha un desastre y tu vestido está roto, cuando salgas desayunamos.

Tomó mi mano y me dirigió a un pasillo desconocido para mí, pues en las últimas horas solo había invadido la estancia y la cocina. Abrió una puerta de madera que se transformó en un cuarto blanco, con una cama enorme y pocos detalles en las paredes, una cálida luz y uno que otro póster de Yellowcard, Fall Out Boy, Oasis e incluso uno suyo en el que un marcador negro formando bigotes y un sombrero me hizo reír bastante.

- Sí sí – asintió con pena – Obra de arte por mis tres idiotas.

Abrió las puertas de un closet, había mucho contenido dentro.

- No se mucho de moda y no se que ropa te pueda quedar, pero elige lo que quieras – me guiñó un ojo y asentí agradeciendo. Cuando salió de la habitación, husmeé entre las prendas.

Había una gran cantidad de camisetas estampadas, chaquetas de gamuza y cuero y jeans. Deslicé los ganchos por el tubo dos veces y luego opté por los cajones. Abriendo y cerrando estos, me encontré con uno que tal vez no debí de haber abierto, pero le saqué muy buen provecho al encontrar unos boxers a rayas con tonalidades en negro y blanco. Me deshice del vestido y me los puse, se me veían como unos coquetos shorts. Mi tronco lo cubrí con una camisa de botones completamente blanca que supuse que yo estrenaría, se veía nueva; la abotoné hasta sólo un poco más arriba de la mitad. Ordené mi cabello y me quite un poco de maquillaje. Sí, estaba lista.

Caminé con sutileza hasta la cocina, pero el no estaba ahí.

- ¿Georg? – pregunté al aire. No hubo respuesta.

- ¿Georg? – insistí asomándome desde el marco de la puerta de uno de los cuartos.

- ¡Boo! – sentí sus manos por detrás picándome las costillas, di un cómico brinquito y el no paraba de reír, hasta que volteé y se quedó boquiabierta.

- ¿Qué pasa? – pregunté nerviosa. No paraba de verme.

- ¡Wow! – dijo, más bien gritó con entusiasmo - ¡WOW!

- Me harás sonrojar – admití riendo mientras le tapaba los ojos con una mano.

- ¡Wow! ¡Wow! ¡Wow! – Retiró mis dedos con prisa y volvió a escanearme con la mirada – Nunca pensé que mi ropa se fuera a ver tan bien algún día.

- Calla – dije entre una risita – Mejor comamos, muero de hambre.

Nos dirigimos a la mesa, y todas nuestras creaciones ya estaban ahí. Cóctel de frutas, hot cakes y pan tostado con mermelada de zarzamora.

- Se ve delicioso – el olor de la masa de los hot cakes penetró en mi nariz.

- No ¿Te digo qué se ve delicioso? – levantó las cejas.

- Mejor come – reí mientras lo observaba sentarse, yo aparté la silla de la mesa para hacer lo mismo.

Me volvió a mirar, pero ahora era de una manera distinta. Sus pupilas vibraban, sonreía conmovido. El sabía que yo lo notaba, pero eso no lo privó de seguir viéndome.

- ¿Qué? – pregunté dibujando una sonrisa curiosa.

- Wow – volvió a decir, pero ahora en un siseo lleno de encanto. Me sorprendió.

- Come ya – imploré dejando un gran eco de devoción en el aire. Hacía tiempo que no veía las cosas así, y esa sensación regresaba, para chocar conmigo misma más fuerte que nunca.


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Buenas noches ^^

Quiero mandarles un gran saludo a todas la almas maravillosas que me leen y fueron pacientes ante la ausencia de capítulos. Gracias, mil gracias por leerme y comentar.

Sufrí un confuso episodio psicológico con el FF, pero por lo visto está solucionado (gracias amor) ;D

Así que  ¡agarrense bien! Los capítulos han vuelto al igual que yo, con muchas macabras ideas en mente.

se les ama <3

1 comentário

oreo_effeckt dijo...

Esta es mi chica, carajo!

Mi amor, en serio no hay cosa más anhelada en mi que leer estas maravillosas ideas de esa perversita mente que tienes!

ame el capitulo y sus detalles...

ame que no pasara nada entre Tom y Atz xD!! hahaha

ame tu regreso <3

te amo

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