domingo, 25 de octubre de 2009

Cap. 16 < No necesito un sermón >











 

[Capítulo anterior: Di un último trago a la copa de Bill, el cual me supo a un trago de valor; después salimos mientras el aire helado de la noche nos pegaba…]


(Daiana)

En definitiva era una noche fría; el vestido se convirtió ahora en mi peor enemigo debido a su tamaño, y el ligero contorno amarillezco que se impregnó por la bebida.
Georg dobló su brazo derecho para que yo tomara de él, así lo hice. Caminamos hacia el estacionamiento y subimos de nuevo a esa camioneta, la cual, más que camioneta parecía tanque de guerra. El chofer dio velocidad a la máquina, cada vez más, una petición de Tom.

- Hermosa noche - dije tratando de observar el paisaje por la ventanilla, pues el movimiento del vehículo lo distorsionaba.

- Muy bella – ahora Georg se inclinó un poco para señalar la luna llena que daba todo su esplendor.

Se rompió el hielo en el lugar y pronto establecíamos una conversación, claro, un poco confusa. Las voces de todos intervenían de vez en cuando para hacer alguna broma o comentario sin sentido, un ambiente simple pero entretenido. A pesar de todo el escándalo, alcanzaba a escuchar dentro de mi cabeza esa preocupación que llegando al pent house tendría que solucionar: Danny.

Me uní a la plática que esta vez surgía grupal. Caí en cuenta después de un rato que Georg miraba detenidamente la mancha de mi vestido, o posiblemente miraba mis pechos.

- Se te van los ojos Hagen – Tom río cuando se dio cuenta en que dirección posaba la mirada de su amigo.

- No digas tonterías – contestó este también riendo y golpeando el aire con una mano. Reí por la bajo cuando las mejillas de Georg tomaron un color granate.

Va a ser un largo camino, pensé.

- Daiana – Bill me rozó el hombro con su dedo índice para llamar mi atención.

- Puedes decirme Dai – sonreí con amabilidad.

- Perfecto, Dai…

- ¿Sí? – pregunté curiosa.

- David se está encargando bastante bien del rumor; sólo lo digo para quitarte un peso de encima – me guiñó un ojo de una manera amistosa.

- Pero hay detalles, no olvides mencionárselos Bill – Gustav lo regañó – No toda la historia es color rosa –

- Bueno, pues… no te asustes si sales de tu hogar y vez a un escuadrón de chicos tatuados y fuertes siguiéndote – torció los labios.

- Seguridad para la señorita ¿No es verdad? – dijo Elisa divertida a lo que los chicos asintieron.

- Chicos fuertes y tatuados, entiendo… ¿Cuántos de ellos? – pregunte suponiendo que serían un par.

- Oh, esa es la parte a la que no quería llegar; veinticinco aproximadamente si no es que David exagera y mande cincuenta – río un poco y después me hecho una mirada de compasión.

- Ja, tendré que acostumbrarme a la vida de diva – reí como único consuelo pues la idea de tener alguien atrás siguiéndome como polluelos a la gallina y vigilado cada movimiento a mi alrededor, no me hacía ninguna gracia.

- Dai, sabes que la situación es dura y el fanatismo Tokio Hotelero tiene potencia – Atziri alcanzó a poner una de sus manos en mi pierna como señal de apoyo. Le sonreí apenas torciendo la boca.

- Sí, lo se – solté un largo suspiro y me dirigí a perder mis preocupaciones a través de la imagen que daba la ventanilla, coches quedando atrás de la camioneta y la curiosa sinfonía que los claxon formaban.

. . . . . .

- Daiana, ya hemos llegado – Georg me agitó un poco. ¿En que momento me había quedado dormida?

- No recordaba que el camino era tan largo – dije soñolienta, acomodando a la vez mi cabello.

- Había un cuanto de tráfico señorita – respondió el chofer observándome desde el retrovisor.

- No hay problema.

- Te ayudo a bajar – dijo Georg. Salió del auto y abrió mi puerta jugando al caballero. Después tendió su mano, me apoyé de ella y di un cómico brinquito.
Tom, Gustav y Bill se encontraban recargados ya en el exterior de la camioneta; friccionando una mano contra otra y hundiéndose en los cuellos de su chamarra para disminuir el frío que el viento de esa noche provocaba.

- ¿Y mis chicas? – pregunté al notar su ausencia.

- ¿Tus chicas? No te las apropies – Tom me miró – Comparte ja –

- ¡TOM! – Bill le gritó apenado, dándole un codazo el cual quiso disimular – No te preocupes Dai, pasamos a dejarlas a sus casas –

- Dios, tan dormida estaba que no me he dado cuenta – puse una mano en mi frente. El acto seguido fue estar repartiendo besos de despedida.

- Nos mantendremos en contacto, aún quedan asuntos que discutir – Gustav me sonrío – Demonios ¡Estás helada! – soltó cuando nos estrechamos las manos.

- Yo te calient… - Tom comenzó a carcajearse y chocó palmas con Georg.

- ¿Disculpa? – Pregunté con seguridad - ¿Me calentarás? ¡Que amable!, en ese caso manda una calefacción nueva al departamento… la que tengo ya es un poco antigua – sonreí satisfecha mientras el par se quedaban como tontos al no saber que decir.

- Así se habla, siempre la última palabra – Bill se acercó y nos despedimos.

Eché mi cabello a la espalda y comencé a dar pasos hacia la recepción mientras el aire me hacia entrecerrar los ojos.

- Oh por cierto, gracias por la cena, la próxima yo invito – dije sin voltear escuchando la voz de Georg con las palabras `` Eso es, entonces habrá una próxima vez´´. Reí en burla a ello.
Fue el momento en que lo que empezaba a parecer la normalidad volvió a girar a la locura.


- Buenas noches señorita Ruzzo – dijo el portero.

- Buenas noches – contesté sin hacer mucho caso. Mi mente estaba atascada de recuerdos e ideas que algún día o en algún momento la harían explotar. Pedí el ascensor.

Las puertas abrieron con ese clásico tono de tranquilidad. Subí.
Vaya música de fondo que sonaba por aquella bocina instalada dentro de él; toda esa amenidad resultaba estresante. La pantalla arriba de las puertas subía sus dígitos, y junto con estos subía mi tensión.
Me molestó el hecho de que Atziri y Elisa no se encontrarán a mi lado aún sabiendo lo que me esperaba. No quería pasar ni siquiera un segundo a solas junto a él, junto a Danny Rowman… nunca eran predecibles sus palabras, sus acciones y lo que más me atemorizaba, sus movimientos.

El sonido del elevador que me recibió ahora me expulsaba de este, las puertas abrieron.
Lucía como siempre, el ventanal descubierto y el estilo minimalista del apartamento. Ni un sonido excepto por el viento que hacía un tétrico rechinido. Comencé a sentirme en un filme de terror.

Que tonta Daiana, no va a salir un psicópata con un cuchillo en mano, me dije a mi misma.

Tremendo escalofrío me recorrió cuando tuve en cuenta que tal vez estar a solas con Danny era aún más peligroso que eso.
Seguí adentrándome a mi casa que en esos momentos se me hacia desconocida.

Sin saber a donde ir, y sin saber en donde rayos el se encontraba, me despojé de los zapatos altos y descalza me senté en una de las sillas del comedor.

- ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué hago? ¿Por qué no simplemente llamo a la policía? – me dije pegando con el puño cerrado contra el cristal de la mesa.

- Es una mesa hermosa, no la arruines Daiana – su voz ante mis espaldas puso mis sentidos en punta. Caminó hacia mí, sentí su calor detrás de mi silla y luego a un lado mío, finalmente lo vi de frente. Se había desecho de la camisa a cuadros que llevaba al igual que de los zapatos. Unos jeans holgados que asomaban parte de su boxers era la única prenda que portaba.
- ¿Entonces? ¿Has guardado un espacio para el café como te dije? – Bromeó y abarcó un lugar junto al mío – Ja, me quise ver más refinado; espié entre tu alacena y el único café que tienes es soluble; entonces… ¿Qué tal un tinto? –

- Gracias – contesté sin expresión. Danny sacó copas y la botella, sirvió con agilidad, como siempre lo hacía.
Dimos el primer trago al mismo tiempo, luego el segundo, después el tercero y no se hasta donde siguieron. Terminamos nuestras copas y esa era una única señal, llegaba el momento de la charla.

- Daiana, ¿Sigues temiéndome? – acercó sus manos a mis mejillas y acarició mis pómulos.

- Es mejor que te vayas – suspiré quitando sus manos de encima – Espero que tus hermanos no estén en la ciudad también, de ser así, regresen a L.A apenas cuando amanezca –

- Bien sabes todo el esfuerzo que hice para que me dejaran salir de los Estados Unidos – dio una descarada sonrisa – No creo que me convenzas a marcharme –

- Es necesario Danny, llamaré a la policía si eso no sucede – advertí, por dentro dudando si tenía el suficiente valor.

- Mierda, Daiana – puso las manos en la nuca – No harías eso -

- Claro que lo haría, mas bien… lo haré.

- ¿Cómo te lo explico Daiana? Vine aquí por ti, ninguna de mis adicciones es tan fuerte como la tuya – la luz de la luna que se colaba por el ventanal alumbraba sus pupilas.

- No obtendrás mi perdón si eso es lo que quieres.

- ¡CARAJO! ¡SABES QUE COMPLICADO ES ANDAR POR LA VIDA CUANDO TE CONCIDERAN UN CRIMINAL! – De nuevo esa furica mirada lo invadió, varios flashbacks invadieron mi cabeza, esa mirada la cual me hacía recordar todas esas pesadillas.

- Incluso cuando tú me consideras un maldito criminal desatado – ahora su mirada se tornó triste. Esto comenzaba a matarme - ¿Es por eso que de un día para otro Elisa, Atziri y tú se marcharon? Por eso que me dejaste así –

- No Danny, todo me lastimaba – mis ojos se empañaron – No podía pasar ni un día más junto a ti –

No supe que hacer; me paré de aquella silla y arrastré mi cuerpo hacia el dormitorio. Me encerré. Me acosté. Me perdí.
Perdí el presente entre los deja vu enterrados en los más escondidos rincones de mi memoria, dejé a Danny en la mesa alumbrada por el ventanal sin saber nada más de el aquella noche…



3 comentarios

oreo_effeckt dijo...

Noooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!


Muy corto, llorare xD


te amo (L)

IVETH dijo...

hay dai enfrentalo no le temas ok.

IVETH dijo...

A POR SIERTO LA CANCION NO SE PUDO ESCUCHAR PERO NO IMPORTA, SOLO TENGO QUE DECIR QUE ES UNA BUENA ELECCIÒN.
Y ME ENCANTA EL FIC ;)

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